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Notas del tema

Elementos de la vida cristiana

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Comodidad de lectura

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ECR 66.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Mi Reino no es de este mundo, Judas. Disuádete. Vengo a traerle a Israel la Luz y la Gloria, mas no las de la Tierra. Vengo a llamar a los justos de Israel al Reino. Porque de Israel y con Israel debe formarse y venir la planta de vida eterna cuya linfa será la Sangre del Señor, la planta que se extenderá por toda la Tierra hasta el fin de los siglos. Mis primeros seguidores serán de Israel; mis primeros confesores, de Israel; mas también mis perseguidores, mis verdugos y quien me traicionará serán de Israel...

ECR 67.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El hombre no es un animal sin razón que se lanza y muerde por derecho a la presa. El hombre tiene una razón y un alma: por la razón debe saberse guiar como hombre, por el alma debe saber hacer esto santamente. Quien no lo hace así, se pone por debajo de los animales, se rebaja al abrazo con los demonios, porque endemonia su alma con el pecado de ira.

ECR 67.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Oíd, todos vosotros de Israel, y también vosotros, soldados de Roma: la Palabra de Dios habla para todos los hijos del hombre, y no será el Hijo del hombre quien se la niegue a los gentiles.

El segundo de los preceptos del Señor es precepto de amor hacia el prójimo. Dios es bueno y quiere benevolencia en sus hijos. Quien no es benévolo con su prójimo no puede llamarse hijo de Dios ni puede tener a Dios consigo. El hombre no es un animal sin razón que se lanza y muerde por derecho a la presa. El hombre tiene una razón y un alma: por la razón debe saberse guiar como hombre, por el alma debe saber hacer esto santamente. Quien no lo hace así, se pone por debajo de los animales, se rebaja al abrazo con los demonios, porque endemonia su alma con el pecado de ira.

Amad. No os digo más que eso. Amad a vuestro prójimo como desea el Señor Dios de Israel. No seáis siempre de la sangre de Caín. Y, ¿por qué lo sois?: vosotros, que podríais ser ya homicidas, por pocas monedas; otros, por unos pocos palmos de tierra, por un puesto mejor, por una mujer. ¿Qué son estas cosas? ¿Son cosas eternas? No. Duran mucho menos que la vida, la cual, a su vez, dura un instante de eternidad. ¿Y qué perdéis si las seguís?: la paz eterna prometida a los justos, la que el Mesías os traerá junto con su Reino. Venid por el camino de la Verdad, seguid la Voz de Dios. Amaos. Sed honestos. Sed continentes. Sed humildes y justos. Marchaos y meditad.

Detalle

Jesús se dirige al pueblo de Jerusalén y a unos soldados romanos, tras interrumpir una pelea entre dos hombres a los que ha roto las cuchillas (gracias a un milagro).

ECR 67.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Amad. No os digo más que eso. Amad a vuestro prójimo como desea el Señor Dios de Israel. No seáis siempre de la sangre de Caín. Y, ¿por qué lo sois?: vosotros, que podríais ser ya homicidas, por pocas monedas; otros, por unos pocos palmos de tierra, por un puesto mejor, por una mujer. ¿Qué son estas cosas? ¿Son cosas eternas? No. Duran mucho menos que la vida, la cual, a su vez, dura un instante de eternidad. ¿Y qué perdéis si las seguís?: la paz eterna prometida a los justos, la que el Mesías os traerá junto con su Reino. Venid por el camino de la Verdad, seguid la Voz de Dios. Amaos. Sed honestos. Sed continentes. Sed humildes y justos. Marchaos y meditad.

ECR 67.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Quién eres Tú que dices semejantes palabras y reduces a pedazos las espadas con tu voluntad? Sólo uno hace estas cosas: el Mesías. Ni siquiera Juan el Bautista es superior a Él. ¿Eres Tú el Mesías?» preguntan tres o cuatro.

«Lo soy».

«¿Tú? ¿Eres Tú el que cura a los enfermos y predica a Dios en Galilea?».

«Soy Yo».

ECR 68.1-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

68.1 Veo a Jesús entrando, con Judas a su lado, en el recinto del Templo; pasa la primera terraza, o rellano de la grada si se prefiere; se detiene en un pórtico que rodea un amplio patio solado con mármoles de colores distintos. El lugar es muy bonito y está lleno de gente.

Jesús mira a su alrededor y ve un sitio que le gusta. Pero, antes de dirigirse a él, dice a Judas: «Llámame al responsable de este lugar. Debo presentarme para que no se diga que falto a las costumbres y al respeto».

«Maestro, Tú estás por encima de las costumbres. Nadie tiene más derecho que Tú a hablar en la Casa de Dios; Tú, su Mesías».

«Yo eso lo sé, y tú también lo sabes, pero ellos no. No he venido para escandalizar, como tampoco para enseñar a violar la Ley o las costumbres; antes bien, he venido justamente para enseñar respeto, humildad y obediencia; para hacer desaparecer los escándalos. Por ello quiero pedir el permiso para hablar en nombre de Dios, haciéndome reconocer digno de ello por el responsable del lugar».

«La otra vez no lo hiciste».

«La otra vez me abrasaba el celo de la Casa de Dios, profanada por demasiadas cosas. La otra vez Yo era el Hijo del Padre, el Heredero que en nombre del Padre y por amor de su Casa actuaba con la majestad que me es propia y que está por encima de magistrados y sacerdotes. Ahora soy el Maestro de Israel, y le enseño a Israel también esto. Y además, Judas, ¿tú crees que el discípulo es más que su Maestro?».

«No, Jesús».

«¿Y tú quién eres? ¿Y quién soy Yo?».

«Tú, el Maestro; yo, el discípulo».

«Y entonces, si reconoces que son así las cosas, ¿por qué quieres enseñar a tu Maestro? Ve y obedece. Yo obedezco a mi Padre, tú obedece a tu Maestro. Condición primera del Hijo de Dios es ésta: obedecer sin discutir, pensando que el Padre sólo puede dar órdenes santas; condición primera del discípulo es obedecer a su Maestro, pensando que el Maestro sabe y sólo puede dar órdenes justas».

«Es verdad. Perdona. Obedezco».

«Perdono. Ve. Escucha, Judas, esta otra cosa: acuérdate de esto, recuérdalo siempre».

«¿Obedecer? Sí».

«No. Recuerda que Yo fui respetuoso y humilde para con el Templo; para con el Templo, o sea, con las clases poderosas. Ve».

Judas le mira pensativo, interrogativamente... pero no se atreve a preguntar nada más, y se va meditabundo.

68.2 Vuelve con un personaje solemnemente vestido. «Éste es, Maestro, el magistrado».

«La paz sea contigo. Solicito enseñar, entre los rabíes de Israel, a Israel».

«¿Eres rabí?».

«Lo soy».

«¿Quién fue tu maestro?».

«El Espíritu de Dios, que me habla con su sabiduría y me ilumina cada una de las palabras de los Textos Santos».

«¿Eres más que Hil.lel, Tú, que sin maestro afirmas que sabes toda doctrina? ¿Cómo puede uno formarse si no hay uno que le for­me?».

«Como se formó David, pastorcito ignorante que llegó a ser rey poderoso y sabio por voluntad del Señor».

«Tu nombre».

«Jesús de José de Jacob, de la estirpe de David, y de María de Joa­quín, de la estirpe de David, y de Ana de Aarón; María, la Virgen que casó en el Templo, porque era huérfana, el Sumo Sacerdote, según la ley de Israel».

«¿Quién lo prueba?».

«Todavía debe haber aquí levitas que se acuerden de ese hecho, coetáneos de Zacarías de la clase de Abías, pariente mío. Pregúntaselo a ellos, si dudas de mi sinceridad».

«Te creo. ¿Pero quién me prueba que sepas enseñar?».

«Escúchame y podrás juzgar por ti mismo».

«Si quieres puedes enseñar... Pero... ¿no eres nazareno?».

«Nací en Belén de Judá en tiempos del censo ordenado por el César. Proscritos a causa de disposiciones injustas, los hijos de David están por todas partes. Pero la estirpe es de Judá».

«Ya sabes... los fariseos... toda Judea... respecto a Galilea...».

«Lo sé. No temas. En Belén vi la luz por primera vez, en Belén Efratá de donde viene mi estirpe; si ahora vivo en Galilea es sólo para que se cumpla lo que está escrito...».

El magistrado se aleja unos metros acudiendo a una llamada.

68.3 Judas pregunta: «¿Por qué no has dicho que eres el Mesías?».

«Mis palabras lo dirán».

«¿Qué es lo que está escrito y debe cumplirse?».

«La reunión de todo Israel bajo la enseñanza de la palabra del Cristo. Yo soy el Pastor de que hablan los Profetas, y vengo a reunir a las ovejas de todas las regiones, a curar a las enfermas, a conducir al pasto bueno a las errantes. Para mí no hay Judea o Galilea, Decápolis o Idumea. Sólo hay una cosa: el Amor que mira con un único ojo y une en un único abrazo para salvar...».

Se le ve inspirado a Jesús. ¡Tanto sonríe a su sueño, que parece emanar destellos! Judas le observa admirado.

ECR 68.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo soy el Pastor de que hablan los Profetas, y vengo a reunir a las ovejas de todas las regiones, a curar a las enfermas, a conducir al pasto bueno a las errantes. Para mí no hay Judea o Galilea, Decápolis o Idumea. Sólo hay una cosa: el Amor que mira con un único ojo y une en un único abrazo para salvar...