ECR 49.7
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
«Vendré a oírte de nuevo. Quiero ser tu discípulo. Un poco de luz entrará en mi cabeza».
«En el corazón sobre todo, Simón, en el corazón.»
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 49.7
«Vendré a oírte de nuevo. Quiero ser tu discípulo. Un poco de luz entrará en mi cabeza».
«En el corazón sobre todo, Simón, en el corazón.»
ECR 49.7
¿Conoces un poco la Escritura? ¿Sí? Pues bien, piensa en el profeta Miqueas. Dios quiere de ti lo que dice Miqueas. No te pide que te arranques el corazón, ni que sacrifiques los afectos más santos. Por ahora no te lo pide. Un día tú le darás a Dios, sin que te lo demande, incluso a ti mismo. Pero Él espera a que un sol y un rocío, de ti, sutil tallo de hierba, hagan palma robusta y gloriosa. Por ahora te pide esto: practicar la justicia, amar la misericordia, poner toda la atención en seguir a tu Dios. Esfuérzate en hacer esto (...) y tú serás el hombre nuevo, el amigo de Dios y de su Cristo.
Contexto: Jesús habla a Pedro, que no sabe seguir sus palabras y enseñanzas.
Libro de Miqueas 6, 8
Mi 6, 8 : "- Hombre, has sido hecho para saber lo que es bueno, lo que el Señor exige de ti: nada más que respetes lo que es justo, ames lo que es fiel y te apliques a caminar con tu Dios."
ECR 49.10
Cuando tengáis algún éxito en el campo del bien, no os gloriéis de ello como si fuera mérito sólo vuestro. Alabad a Dios, señor de los apostólicos obreros, y tened ojo limpio y corazón sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde. Ojo límpido para discernir a los apóstoles que cumplen holocausto, y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demás. Sólo Dios los ve a éstos que, tímidos, parece que no hacen nada, y son, sin embargo, los que le roban al Cielo el fuego de que están investidos los audaces. Corazón sincero en cuanto a decir: “Yo actúo, pero éste ama más que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sé hacer y como Jesús ha dicho: ‘... dentro de la propia habitación con la puerta cerrada para orar en secreto’. Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir: ‘Yo soy instrumento activo; éste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como está en Dios, me es canal de celeste fuerza’ ”.
Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles, descenderá también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota.
Aprended todos.
Jesús nos dice:
ECR 50.3
La guerra es pena impuesta por Dios para castigo de los hombres, y signo de que el hombre ha venido a menos en su condición de verdadero hijo de Dios. Cuando el Altísimo creó el mundo, hizo todas las cosas: el Sol, el mar, las estrellas, los ríos, las plantas, los animales, pero no hizo las armas. Creó al hombre y le dio ojos para que tuviera miradas de amor, bocas para pronunciar palabras de amor, oído para oírlas, manos para socorrer y acariciar, pies para correr con rapidez hacia el hermano necesitado, y corazón capaz de amar. Dio al hombre inteligencia, palabra, afectos, gustos. Pero no le dio el odio. ¿Por qué? Porque el hombre, criatura de Dios, debía ser amor, como Amor es Dios. Si el hombre hubiera permanecido como tal criatura, habría permanecido en el amor, y la familia humana no habría conocido guerra ni muerte.
ECR 50.3
No se debe no querer lo que a nosotros nos lesiona porque nos lesione. Se debe no querer una cosa cuando lesiona a todos. Si uno dice: “No quiero esto porque me produce una pérdida”, es egoísta. Sin embargo, el buen hijo de Dios dice: “Hermanos, yo sé que vencería, pero os digo: no hagamos esto porque significaría un daño para vosotros”. ¡Cómo ha comprendido éste el precepto principal!
Jesús está con unos niños y uno de ellos no quiere jugar a la guerra porque siempre pierde. Entonces Jesús dijo:
ECR 50.4
¿Quién de vosotros quiere estar entre aquéllos a los que Dios juzgue santos?».
«¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!».
«¿Amaréis entonces al Mesías?».
«¡Sí! ¡Sí! ¡A ti! ¡A ti! ¡Te amamos a ti! ¡Sabemos quién eres! Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres. ¡Llévanos contigo!».
«En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca más, palabras feas; nunca más, abusos; nunca más, riñas; nunca más, malas respuestas a los padres. Oración, estudio, trabajo, obediencia; y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino».
Jesús se dirigió a unos niños y les preguntó
ECR 50.4
«¿Quién es el más listo?».
«Él» (es el niño grácil que no quiere jugar a la guerra).
«¿Cómo te llamas?».
«Joel».
«¡Gran nombre! Joel habla así: “... el débil diga: ‘¡Soy fuerte!’ ”. Pero ¿fuerte en qué? En la ley del Dios verdadero, para estar entre los que Él en el valle de la Decisión juzgará como santos suyos. Mas el juicio está próximo; no en el valle de la Decisión, sino en el monte de la Redención. Allí, entre Sol y Luna oscurecidos de horror, y estrellas temblando llanto de piedad, serán discernidos los hijos de la Luz de los hijos de las Tinieblas. Y todo Israel sabrá que su Dios ha venido. Dichosos los que lo hayan reconocido: recibirán en su corazón miel, leche y aguas claras y las espinas se les transformarán en eternas rosas. ¿Quién de vosotros quiere estar entre aquéllos a los que Dios juzgue santos?».
«¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!».
«¿Amaréis entonces al Mesías?».
«¡Sí! ¡Sí! ¡A ti! ¡A ti! ¡Te amamos a ti! ¡Sabemos quién eres! Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres. ¡Llévanos contigo!».
«En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca más, palabras feas; nunca más, abusos; nunca más, riñas; nunca más, malas respuestas a los padres. Oración, estudio, trabajo, obediencia; y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino».
Los niños están todos en círculo alrededor de Jesús. Parece una corola polícroma ceñida en torno a un largo pistilo azul oscuro.
Contexto: Jesús está con unos niños y les hace preguntas.
Libro de Joel
Joel 4,10-18: "Haced de vuestras rejas de arado espadas y de vuestras podaderas jabalinas; que diga el débil: 'Yo soy valiente'" Daos prisa y venid, todas las naciones de alrededor, reuníos aquí. Señor, ¡que bajen tus valientes!
Que las naciones se despierten y suban al valle de Josafat (cuyo nombre significa "El Señor juzga"), pues allí me sentaré para juzgar a todos los pueblos de alrededor. Echad la hoz: la mies está madura; venid a pisar la vendimia: ¡el lagar está lleno y las cubas rebosan de todo el mal que han hecho! He aquí multitudes y más multitudes en el valle del Juicio; ¡el día del Señor está cerca en el valle del Juicio! El sol y la luna se han oscurecido, las estrellas han retirado su brillo.
El Señor rugirá desde Sión y dará voz desde Jerusalén. El cielo y la tierra tiemblan, pero el Señor es un refugio para su pueblo, una fortaleza para los hijos de Israel. Sabrás que yo soy el Señor, tu Dios, que habito en Sión, su monte santo. Jerusalén será un lugar santo; los extranjeros ya no pasarán por allí.
Aquel día manará vino nuevo de los montes y leche de las colinas. Todos los arroyos de Judá se llenarán de agua; brotará un manantial de la Casa del Señor y regará el barranco de las Acacias.
ECR 50.7
Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega. Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.
Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios, del Mesías, Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez más las palabras del Decálogo santo e inmutable y se santifique en ellas para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino.
Mirad. Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos: “Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”. Pero, más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus. Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor. Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, le curo; si muerto, le resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.
¿Es difícil esto que os pido? No. No os impongo los cientos de preceptos de los rabinos. Os digo: seguid el Decálogo. La Ley es una e inmutable. Muchos siglos han pasado desde la hora en que fue promulgada, hermosa, pura, fresca, como criatura recién nacida, como rosa recién abierta en el tallo. Simple, sin mancha, ligera de seguir. Durante los siglos, las culpas y las inclinaciones la han complicado con leyes y más leyes menores, pesos y restricciones, demasiadas cláusulas penosas. Yo os conduzco de nuevo a la Ley como ésta era cuando el Altísimo la dio. Pero, os lo ruego por vuestro bien, recibidla con el corazón sincero de los verdaderos israelitas de entonces.
Vosotros susurráis — más en vuestro corazón que con los labios — que la culpa está arriba, más que en vosotros, gente humilde. Lo sé. En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.
Pero incluso os digo: “Portad a perfección vuestra obediencia a los dos preceptos de amor: amad también a vuestros enemigos”.
¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!
Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo seré tu protector dondequiera que vayas, y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.
La paz esté con vosotros.
ECR 50.7
Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor. Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, le curo; si muerto, le resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.
ECR 50.7
En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.
Libro del Deuteronomio
Dt 5, 6-21 : "Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud.
No tendrás otros dioses fuera de mí.
No harás ningún ídolo, ninguna imagen de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinarás ante ellos para adorarlos. Porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso: en los que me odian, castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación; pero a los que me aman y guardan mis mandamientos, les muestro mi fidelidad hasta la milésima generación.
No invocarás el nombre del Señor, tu Dios, para hacer el mal, porque el Señor no dejará impune a quien invoque su nombre para hacer el mal.
Santificarás el día de reposo, según el mandamiento del Señor, tu Dios.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es día de descanso, sábado para el Señor, tu Dios. No trabajarás, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que habite en tu ciudad. Así descansarán tu siervo y tu sierva, como tú has descansado.
Recordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el Señor, tu Dios, te sacó de ella con mano fuerte y brazo extendido. Por eso el Señor, tu Dios, te ha mandado guardar el día de reposo.
Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor, tu Dios, te ha mandado, para que tengas larga vida y felicidad en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.
No cometerás homicidio.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciarás la mujer de tu prójimo; no desearás su casa ni su campo, ni su siervo ni su sierva, ni su buey ni su asno, nada que sea suyo."