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Notas de la palabra clave

No cometerás impureza

Tema: El Decálogo y los Mandamientos

Comodidad de lectura

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ECR 67.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Amad. No os digo más que eso. Amad a vuestro prójimo como desea el Señor Dios de Israel. No seáis siempre de la sangre de Caín. Y, ¿por qué lo sois?: vosotros, que podríais ser ya homicidas, por pocas monedas; otros, por unos pocos palmos de tierra, por un puesto mejor, por una mujer. ¿Qué son estas cosas? ¿Son cosas eternas? No. Duran mucho menos que la vida, la cual, a su vez, dura un instante de eternidad. ¿Y qué perdéis si las seguís?: la paz eterna prometida a los justos, la que el Mesías os traerá junto con su Reino. Venid por el camino de la Verdad, seguid la Voz de Dios. Amaos. Sed honestos. Sed continentes. Sed humildes y justos. Marchaos y meditad.

ECR 123

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Llueve en Belle-Eau. La mujer del velo sigue allí y Pedro la vigila. Jesús da una charla sobre el mandamiento: "No cometerás impureza". Habla del matrimonio, el adulterio, la fornicación, el aborto y la homosexualidad. Por último, se dirige a Aglaia, que se arrepiente, pero sus palabras podrían dirigirse a cualquier alma que quiera reencontrar su antigua pureza. Por último, están los fariseos, que se indignan ante la presencia de Aglaia con el Maestro. Escupen la baba de su odio. Jesús no está presente, pero los apóstoles lo defienden: Pedro es muy gracioso en un momento dado, y Judas les da una respuesta maravillosa. Jesús les da las gracias, pero dice que si el alma de Aglaia es redimida, su alegría compensará todas las críticas.

ECR 132.2

El Evangelio como me ha sido revelado

ECR 174.13 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«He hablado de fidelidad a la Ley, humildad, misericordia, amor, no sólo hacia los hermanos de sangre sino hacia quien por el simple hecho de haber nacido, como vosotros, de hombre, es hermano vuestro. Os he dicho que el perdón es más útil que el rencor, que la compasión es mejor que la intransigencia. Mas ahora os digo que no se debe condenar si no se está exento del pecado por el que se tiende a condenar. No hagáis como los escribas y fariseos, que son severos con todos pero no consigo mismos; que llaman impuro a lo externo, que sólo puede contaminar lo externo, y luego dan cabida a la impureza en su más profundo interior: su corazón.

Dios no está con los impuros, porque la impureza corrompe lo que es propiedad de Dios: las almas, especialmente las de los pequeñuelos, que son los ángeles dispersos por la faz de la tierra. ¡Ay de aquellos que les arrancan las alas con crueldad de fieras demoníacas y abaten a estas flores del Cielo para hundirlas en el lodo, haciéndoles así conocer el sabor de la materia! ¡Ay de ellos!... ¡Mejor sería que muriesen abrasados por un rayo antes que cometer tal pecado!

¡Ay de vosotros, los ricos, los que os gozáis la vida y nada más, porque precisamente entre vosotros fermenta la mayor impureza, recostada sobre el ocio y el dinero! Ahora estáis ahítos; hasta la garganta os llega el alimento de las concupiscencias, y os estrangula. Un día sentiréis hambre, una hambre espantosa, insaciable, sin posibilidad de ser atenuada, para toda la eternidad. Ahora sois ricos. ¡Cuánto bien podríais hacer con vuestra riqueza! Sin embargo, con ella hacéis un gran daño, a vosotros y a los demás. Un día sin final conoceréis una pobreza atroz. Ahora reís; os creéis los triunfadores; sin embargo, vuestras lágrimas llenarán los estanques de la Gehena, y no se enjugarán jamás.

¿Dónde anida el adulterio? ¿Dónde, la corrupción de muchachas? ¿Quién tiene dos o tres lechos licenciosos, además del suyo propio como esposo, en los cuales disipa su dinero y el vigor de un cuerpo dado por Dios para que trabaje para su familia y no para debilitarse en repelentes uniones que le rebajan a nivel inferior al de una bestia inmunda? Habéis oído que se dijo: “No cometas adulterio”. Pues Yo os digo que quien mire a una mujer con concupiscencia, o quien vaya a un hombre con deseo, aun sólo con esto, ha cometido ya adulterio en su corazón. Ninguna razón justifica la fornicación. Ninguna; ni el abandono o repudio del marido, ni la conmiseración hacia la repudiada. Tenéis sólo un alma: no mienta, una vez que se ha unido a otra por pacto de fidelidad; pues, de ser así, ese hermoso cuerpo a través del cual pecáis irá con vosotros, almas impuras, a las inexhaustas llamas. Mutiladlo, antes que matarlo eternamente condenándolo. Vosotros, los ricos, sentinas de vicio llenas de gusanos, sed de nuevo hombres, para que el Cielo no sienta repulsa de vosotros...».

ECR 174.18-19 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús sonríe y empieza a hablar:

«Habéis oído que fue dicho antiguamente: “No cometerás adulterio”. Los que, de vosotros, ya me han oído en otros lugares saben que en varias ocasiones he hablado de este pecado. Pues bien, fijaos, para mí se trata de un pecado que no toca sólo a una persona sino a dos y tres. Me explico. El adúltero peca respecto a sí mismo, peca respecto a su cómplice, peca al llevar a su mujer al pecado, o al marido traicionado, el cual, o la cual, pueden a su vez desesperarse o cometer un delito. Esto por lo que se refiere al pecado ya consumado. Pero digo más; digo que no sólo el pecado consumado, sino el deseo de consumarlo, es ya pecado.

¿Qué es el adulterio? Es desear febrilmente a aquel que no es nuestro, o a aquella que no es nuestra. Se empieza a pecar con el deseo, se continúa con la seducción, se completa con la persuasión, se corona con el acto.

¿Cómo se empieza? Generalmente con una mirada impura. Esto se enlaza con lo que antes decía. El ojo impuro ve lo que a los puros les está celado; por el ojo entra la sed en la garganta, el hambre en el cuerpo, la fiebre en la sangre: sed, hambre, fiebre carnales. Comienza el delirio. Ahora bien, el que padece este delirio, si el otro — la persona objeto de la mirada — es honesto, se queda sólo, revolcándose en sus carbones encendidos, o termina difamando, para vengarse; pero si el otro es deshonesto responderá a la mirada, empezando así el descenso hacia el pecado.

Por tanto, os digo: “El que haya mirado a una mujer con concupiscencia ha cometido ya adulterio con ella, porque su pensamiento ha cometido ya el acto de su deseo”. Antes que esto, si tu ojo derecho te ha sido motivo de escándalo, sácatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale quedarte tuerto que hundirte en las tinieblas infernales para siempre. Y si tu mano derecha ha pecado, ampútala y arrójala. Más te vale tener un miembro menos que pertenecer entero al infierno. Es verdad que ha sido dicho que los deformes no podrán seguir sirviendo a Dios en el Templo; pero, pasada esta vida, los deformes de nacimiento santos, o los deformes por virtud, serán más hermosos que los ángeles y servirán a Dios amándole en el gozo del Cielo.

174.19

Se os dijo también: “Quienquiera que repudie a su mujer le dará libelo de divorcio”. Pues bien, esto debe ser reprobado. No viene de Dios. Dios dijo a Adán: “Ésta es la compañera que te he formado. Creced y multiplicaos sobre la tierra, llenadla y dominadla”. Y Adán, lleno de inteligencia superior porque el pecado todavía no había ofuscado su razón — que había salido de Dios perfecta —, exclamó: “¡Por fin el hueso de mis huesos y la carne de mi carne! Ésta se llamará Varona, o sea, otro yo, porque fue sacada del hombre. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y serán los dos una sola carne”. Y la eterna Luz, en un creciente esplendor de luces, aprobó con una sonrisa lo que había dicho Adán, lo cual vino a ser la primera, imborrable ley. Pues bien, el hecho de que, por la dureza cada vez mayor del hombre, el legislador tuviera que estatuir un nuevo código; el hecho de que, por la versatilidad cada vez mayor del hombre, tuviera que poner un freno y decir: “Pero si la has repudiado no puedes volver a tomarla”; ello no cancela la primera, genuina ley, nacida en el Paraíso terrenal y aprobada por Dios.

Os digo: “Quienquiera que repudie a su propia mujer, excepto el caso de probada fornicación, la expone al adulterio”. Porque, efectivamente, ¿qué hará en el noventa por ciento de los casos la mujer repudiada? Se casará de nuevo. ¿Con qué consecuencias? ¡Mucho habría que decir acerca de esto! ¿No sabéis que podéis provocar con este sistema incestos involuntarios? ¡Cuántas lágrimas derramadas por la lujuria! Sí, lujuria. No tiene otro nombre. Sed francos. Todo se puede superar cuando el espíritu es recto, mas todo se presta a ser motivo de satisfacción de la carnalidad cuando el espíritu es lujurioso. La frigidez femenina, la pesadez de ella, la falta de habilidad respecto a las labores de la casa, la lengua criticona, el amor al lujo... todo se supera, incluso las enfermedades, e incluso la irascibilidad, si se ama santamente. Pero, dado que después de un tiempo no se ama como el primer día, lo que es más que posible se ve imposible, y se pone en la calle a una pobre mujer, abocada a la perdición. Comete adulterio quien la rechaza. Comete adulterio quien se casa con ella después del repudio.

Sólo la muerte rompe el matrimonio. Recordad esto. Y, si vuestra elección ha sido desafortunada, cargad con las consecuencias como cruz, siendo dos infelices, pero santos, y sin hacer de los hijos — que, siendo inocentes, son los que más sufren por estas situaciones desgraciadas — unos infelices aún mayores que vosotros. El amor a los hijos debería haceros meditar muchas veces, muchas, incluso en el caso de la muerte del cónyuge. ¡Oh, si supierais contentaros con aquel que habéis tenido y al que Dios ha dicho: “Basta”! ¡Oh, si supierais, vosotros viudos, vosotras viudas, ver en la muerte no una mengua sino una elevación a mayor perfección como procreadores! Ser padre o madre — además de lo que ya se es — en lugar de la madre o el padre muertos. Ser dos almas en una. Recoger el amor hacia los hijos del labio helado del cónyuge agonizante y decir: “Ve en paz. No temas por los que de ti vinieron. Yo los seguiré amando por ti y por mí, amándolos doblemente. Seré padre y madre. No se sentirán infelices bajo el peso de su orfandad, ni sentirán los innatos celos de los hijos de cónyuges unidos en segundas nupcias respecto a aquel, o a aquella, que ocupa el sagrado lugar de la madre, o del padre, que Dios llamó a otra morada”.

Anotación

Habéis oído que antiguamente se decía: "No cometas adulterio" (Éxodo 20:14 y Deuteronomio 5:18). " En Éxodo 20:14 y Deuteronomio 5:18. Véase más adelante.

Los que me habéis escuchado en otros lugares sabéis que he hablado de este pecado en varias ocasiones. Exactamente: en Betsaida, a propósito de la Belle de Corozaïn (Cf. EMV 96.3); en Tolemaida, cuando se repudió a Avea(EMV 104.4); en Belle Eau(EMV 131.4 y EMV 131.5); y aquí mismo, unas horas antes.

Os digo : "Quien despide a su propia mujer, salvo en caso de adulterio bien establecido, la expone a adulterio. " Mateo 5:32; 19:9; Marcos 10:11-12; Lucas 16:18. (véase más adelante). Jesús recuerda esta enseñanza en EMV 473.9, en una visión del 17 de agosto de 1944, ¡un año antes!

Libro de Éxodo 20, 14

Ex 20, 14: No cometerás adulterio.

Libro del Deuteronomio 5, 18

Dt 5, 18 : No codiciarás la mujer de tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que pertenezca a tu prójimo.

Evangelio de Mateo 5, 27-32

Mt 5, 27-32 : Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que todo hombre que mira a una mujer con lujuria, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y échalo de ti; porque más te vale perder uno de tus miembros que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te hace caer, córtatela y arrójala de ti; pues es mejor que pierdas uno de tus miembros a que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. También se ha dicho: Si alguno despide a su mujer, que le dé un certificado de repudio. Pero yo os digo que todo hombre que repudia a su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la induce a adulterio; y si alguien se casa con una mujer repudiada, es un adúltero.

Evangelio de Mateo 18, 8-9

Mt 18, 8-9 : Si tu mano o tu pie te hacen tropezar, córtatelos y arrójalos de ti; más te vale entrar en la vida manco o cojo que ser arrojado, teniendo dos manos o dos pies, al fuego eterno. Y si tu ojo te hace tropezar, sácatelo y échalo de ti. Más te vale entrar en la vida con un solo ojo que ser arrojado al fuego del infierno con dos ojos.

Evangelio de Marcos 9, 42-47

Mc 9, 42-47: Si tu mano te hace tropezar, córtatela; más te vale entrar en la vida con una mano mutilada que ser arrojado con las dos manos al infierno, al fuego inextinguible, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Y si tu pie te hace caer, córtalo: mejor te es entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al infierno, al fuego inextinguible, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Y si tu ojo te hace tropezar, sácatelo: más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con dos ojos al infierno de fuego, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.

Evangelio de Marcos 10, 11-12

Mc 10, 11-12 : "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio con la primera. Y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio. "

Evangelio de Lucas 16, 18

Lc 16, 18 : El que despide a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y el que se casa con la mujer despedida por su marido comete adulterio.