ECR 75.3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
75.3 «Pero, en definitiva, ¿vosotros a quién buscáis?».
«A Jesucristo, Hijo de María, el Nazareno, el Salvador».
«Soy Yo».
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 75.3
75.3 «Pero, en definitiva, ¿vosotros a quién buscáis?».
«A Jesucristo, Hijo de María, el Nazareno, el Salvador».
«Soy Yo».
ECR 75.4
«¿Y mis hijos?».
«Ángeles, Elías. Ángeles que repetirán el “Gloria” cuando el Salvador sea coronado».
«¿Rey?».
«No. Redentor. ¡Oh, cortejo de justos y santos! ¡Y delante las falanges blancas y purpúreas de los párvulos mártires! Una vez abiertas las puertas del Limbo, subiremos juntos al Reino inmortal. ¡Y luego iréis vosotros y volveréis a encontrar padres, madres e hijos en el Señor! Creed».
«Sí, Señor».
Elías había perdido a sus hijos en la masacre de los Inocentes. Le pregunta al Maestro qué será de ellos.
ECR 76.10-11
Jesús forma un grupo aparte, con todos los niños alrededor y luego los pastores y los discípulos. Afuera se oye balar a las ovejas (Elías las ha metido en el aprisco). En la casa hay rumor de fiesta. Traen dulces y bebidas a Jesús y a los suyos. Pero Jesús distribuye éstas entre los pequeños.
«¿No bebes, Maestro? ¿No lo aceptas? Te lo damos de corazón».
«Lo sé, Joaquín, y lo acepto de corazón. Pero déjame que primero dé gusto a los pequeñuelos; ellos constituyen mi alegría... (...) Juan, lleva a los dos niños a ver las ovejas. 76.11 Y tú, María, acércate más y dime: ¿Quién soy Yo?».
«Tú eres Jesús, Hijo de María de Nazaret, nacido en Belén. Isaac te vio y me puso el nombre de tu Mamá para que yo fuera buena».
«Tienes que ser buena como el ángel de Dios, más pura que una azucena florecida en las altas cumbres, pía como el levita más santo, para imitarla. ¿Lo serás?».
«Sí, Jesús».
«Di “Maestro” o “Señor”, niña».
«Deja que me llame con mi Nombre, Judas. Sólo pasando por labios inocentes no pierde el sonido que tiene en los labios de mi Madre. Todos, en los siglos futuros, pronunciarán ese Nombre, pero unos por un interés, otros por otro, y muchos para hacerle objeto de blasfemia. Sólo los inocentes, sin cálculo y sin odio, lo pronunciarán con amor semejante al de esta pequeña y al de mi Madre. Incluso los pecadores, sintiéndose necesitados de piedad, me invocarán. ¡Sin embargo, mi Madre y los niños...! ¿Por qué me llamas Jesús?» pregunta, acariciando a la pequeña.
«Porque te quiero... como a mi padre, a mamá y a mis hermanitos» dice abrazando las rodillas de Jesús y riendo con la carita levantada.
Y Jesús se inclina y la besa... y así todo termina.
ECR 77.2-3
[Judas habla de los pastores de la Natividad.]
Hace unos días que me quema los labios una pregunta. Son amigos tuyos y de Dios éstos, ¿no es verdad? Los ángeles los han bendecido con la paz del Cielo, ¿no es verdad? Ellos no han dejado de ser justos ante ninguna tentación, ¿no es verdad? ¿Me explicas entonces por qué han sido infelices? ¿Y Ana?... La mataron por haberte amado...».
«Tu conclusión sería, entonces, que mi amor y el amarme acarrea desventura».
«No... pero...».
«Pero es así. (...) Ven aquí, Judas. Escucha. Partes de un juicio común a muchos hombres presentes y futuros. Digo “juicio”, debería decir “yerro”; pero, si supongo que lo hacéis sin malicia, por ignorancia de la verdad, entonces no es yerro, es sólo juicio imperfecto, como lo puede ser el de un niño. Y sois niños, vosotros, pobres hombres. Y Yo estoy aquí como Maestro para hacer de vosotros adultos capaces de discernir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo mejor de lo bueno. Escuchad, pues. ¿Qué es la vida? Es un tiempo de pausa; Yo diría el limbo del Limbo, que Dios Padre os da para probar vuestra naturaleza de hijos buenos o de bastardos, y para asignaros, sobre la base de vuestras obras, un futuro en el que ya no habrá ni pausas ni pruebas. Ahora, decidme: ¿sería justo que uno, por el hecho de haber recibido el raro bien de disponer del modo de servir a Dios de manera especial, gozara además de un bien continuo durante toda la vida? ¿No os parece que ya ha tenido mucho y que, por tanto, puede considerarse dichoso, aunque en lo humano no lo sea? ¿No sería injusto que aquel que tiene ya en el corazón luz de divina manifestación y la sonrisa de una conciencia que aprueba, tuviera además honores y bienes terrenos? ¿Y no sería incluso imprudente?».
77.3 «Maestro, yo digo que sería incluso profanador. ¿Por qué poner alegrías humanas donde estás Tú? Cuando uno te tiene — y éstos te han tenido; ellos, los únicos ricos en Israel por haber gozado de ti desde hace treinta años — no debe poseer nada más. No se pone el objeto humano en el Propiciatorio... El vaso consagrado no sirve más que para usos sagrados. Éstos están consagrados desde el día en que vieron tu sonrisa... y nada, no, nada que no seas Tú debe entrar en su corazón, que te tiene a ti. ¡Ojalá fuera yo como ellos!» dice Simón.
«Sin embargo, te has dado prisa, después de haber visto al Maestro y después de ser curado, en volver a tomar posesión de tus bienes» responde irónicamente Judas.
«Es verdad. Lo he dicho y lo he hecho. Pero ¿tú sabes por qué? ¿Cómo puedes juzgar si no conoces todo? Mi agente recibió órdenes precisas. Ahora que Simón el Zelote está curado — y sus enemigos ya no pueden perjudicarle segregándole; ni perseguirle porque ya no es más que de Cristo y no tiene ninguna secta: tiene a Jesús y basta —, Simón puede disponer de los haberes suyos, que un hombre honesto, fiel, le ha conservado. Y yo, dueño todavía durante una hora, prescribí su reorganización para obtener más dinero en la venta y poder decir... No, esto no lo digo».
«Lo dicen los ángeles por ti, Simón, y lo escriben en el libro eterno» dice Jesús.
Simón mira a Jesús. Simón mira a Jesús. Las dos miradas se anudan: una, asombrada; la otra, bendiciendo.
Judas recuerda a los pastores en la Natividad y la muerte de Ana de Belén. Entonces dice que el amor a Jesús trae la desgracia, y Cristo responde.
ECR 77.5
«Hombre, yo he sido discípulo de Juan y he oído decir: “He aquí el Cordero de Dios”, señalando...» dice Juan.
Un leñador de Hebrón creyó que Juan el Bautista era el Mesías y el Cordero de Dios. Juan intervino entonces para dar su testimonio del bautismo.
ECR 77.7
«¿Cómo salvas? ¿A quién?».
«A quien tiene buena voluntad de salvación. Salvo enseñando a ser puros, a preferir el dolor a la pérdida del honor, a querer el bien a toda costa».
ECR 78.3
¡Mi vía!... ¡Mi palacio! ¡Oh, qué pequeñez contienen! ¿Sabes dónde seré Rey?, ¿cuándo seré proclamado Rey? Cuando me levanten en un madero infame y por púrpura tenga mi Sangre, por corona una guirnalda de espinas, por enseña un cartel burlón, por trompas y címbalos y órganos y cítaras saludando al Rey proclamado las blasfemias de todo un pueblo, de mi pueblo. ¿Y sabes por obra de quién todo esto? De uno que no me habrá entendido, que no habrá entendido nada. Corazón de bronce hueco, en el que la soberbia, la sensualidad y la avaricia, para entonces, ya habrán destilado sus humores, y éstos habrán engendrado una maraña de serpientes que servirán como cadena para mí y... y maldición para él. Los demás no conocen tan claramente mi suerte. Te ruego que no la manifiestes. Esto quede entre tú y Yo.
ECR 78.5
«Gracias a los hombres de esta ciudad que han inclinado sus corazones ante el Verbo del Padre, ante el Padre cuyo Verbo soy Yo. Porque, sabed que no es al Hijo del hombre, que os está hablando, sino al Señor altísimo, a quien hay que rendir gracias y honor por este tiempo de paz con que Él vuelve a soldar la paternidad quebrada con los hijos del hombre. Alabemos al Señor verdadero, al Dios de Abraham, que ha tenido piedad de su pueblo, le ha amado y le otorga al Redentor prometido. No a Jesús, siervo de la eterna Voluntad, sino a esta Voluntad de amor, gloria y honor».
Jesús habló al jefe de la sinagoga de Queriot y le dijo:
ECR 78.6
El Verbo de Dios habla. Escuchad. Quien os habla no es sino Palabra de Dios. Su soberanía viene del Padre y al Padre volverá después de evangelizar a Israel. Ábranse los corazones y las mentes a la verdad, para que el error no quede estancado, para que no nazca la confusión.
ECR 78.6
Dios, el Rey de los reyes, ha elegido a uno sólo, a su Hijo, para construir, en los corazones, su casa. Y ha preparado ya el material. ¡Oh, cuánto oro de caridad, y cobre, y plata y hierro, y maderas raras y piedras preciosas! Todas están acumuladas en su Verbo y Él las usa para construir en vosotros la morada de Dios. Pero si el hombre no ayuda al Señor, inútilmente el Señor querrá construir su casa. Al oro se responde con el oro, a la plata con la plata, al cobre con el cobre, al hierro con el hierro. O sea, por el amor debe darse amor, continencia para servir a la Pureza, constancia para ser fieles, fuerza para no desistir. Y luego, llevar hoy la piedra, mañana la madera: hoy el sacrificio, mañana la obra, y construir, construir siempre el templo de Dios en vosotros.