ECR 159.3
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
Notas de la palabra clave
Comodidad de lectura
ECR 159.3
Traducción en curso
ECR 193
Título del capítulo: La llegada a Siquem después de dos días de marcha.
Fecha de la visión: Lunes 18 de junio de 1945.
Calendario: Martes 21 de marzo 28 (8 Nissan 3788).
Localización (mapa) : Hacia Siquem
Ciclo: El segundo viaje pascual
Resumen: El grupo apostólico avanza hacia Jerusalén y camina hacia Siquem. Juan de Endor y Marziam se llevan bien y gravitan hacia Jesús, como dos resucitados que quieren mucho a su Salvador, por todo el amor que les ha dado. El niño sólo se entristece cuando ve la llanura de Esdrelón, donde se ha quedado su abuelo.
Después de un descanso, se ponen de nuevo en camino, deteniéndose finalmente en una aldea. A la mañana siguiente, prosiguen su viaje y se encuentran con el convoy del cónsul. Valeria, Plautina y Lidia estaban allí y saludaron al Maestro. Jesús dijo entonces a Pedro que quería desviarse por el Jordán, para que Marziam no viera la montaña que había matado a sus padres, pero Simón de Jonás convenció a Cristo de que continuaran hacia Siquem para ir más deprisa y no preocupar a su Madre; él y Juan de Endor se encargarían de distraer a la niña cuando llegara el momento.
Llegaron a Siquem y encontraron refugio. La visión termina allí.
Contenido del capítulo: 193.1: Las dos "miserias" recogidas por Jesús. 193.2: Las dificultades del viaje de Samaría a Siquem. 193.3: Al día siguiente, encuentro con Plautina, Valeria y Lidia. 193.4: El niño Yabeç será confiado a María. 193.5: A pesar de la multitud, Pedro encuentra refugio en un cobertizo de heno.
Edición anterior: Tomo 3, capítulo 54
ECR 193.3 · Volumen 3
Es ya de día otra vez. La comitiva apostólica, que se ha puesto en marcha por la mañana, está para entrar, al declinar el día, en Siquem, dejada ya atrás Samaria. Es una ciudad de bonito aspecto, rodeada de muros, coronada de edificios bellos y majestuosos en torno a los cuales se concentran casas lindas y ordenadas. (Me da la impresión de que esta ciudad, como Tiberíades, haya sido reconstruida poco antes y con sistemas tomados de Roma). Extramuros, alrededor, una faja de tierras fertilísimas y bien cultivadas.
El camino que de Samaria conduce a Siquem desciende sinuosamente, con un sistema de muros de contención del terreno que me recuerda a las colinas fiesolanas, y con una magnífica vista de verdes montañas al Sur y una llanura preciosa que va hacia el Oeste.
El camino tiende a descender, pero alguna que otra vez gana altura, para salvar otros collados desde cuyas cimas se domina la tierra de Samaria, con sus lindas plantaciones de olivos, cereales y vides, guardadas, desde lo alto de los collados, por bosques de encinas y de otros árboles agrestes, que deben ser providenciales como defensa contra los vientos — los cuales, pasando por los desfiladeros, tienden ciertamente a formar remolinos —, que malograrían las plantaciones. Esta región me recuerda mucho a los lugares de nuestro Apenino, aquí, hacia Amiata, cuando el ojo contempla contemporáneamente los cultivos llanos y cerealistas de la Maremma y las esplendorosas colinas y los austeros montes que se yerguen más altos hacia el interior. No sé cómo será ahora Samaria; en aquel tiempo era preciosa.
Pues bien, entre dos altos montes — de los más altos de esta zona — la vista enfila un valle en cuyo centro, fertilísima, bien irrigada, aparece Siquem. En este punto precisamente, la alegre caravana de la corte del Cónsul que va a Jerusalén para las fiestas alcanza a Jesús y los suyos. Esclavos a pie y en carros para tutelar el transporte de los distintos pertrechos... ¡¡Dios mío, cuántas cosas llevaban consigo en aquellos tiempos!! Con los esclavos, carros en toda regla, cargados con un poco de todo (hasta incluso literas enteras) y coches de viaje (amplios carros de cuatro ruedas, bien amortiguados, cubiertos) en los que viajan, resguardadas, las damas. Y más carros, y más esclavos...
He aquí que una mano enjoyada de mujer levanta levemente una cortina y aparece el perfil grave de Plautina, que saluda sin hablar pero con una sonrisa; lo mismo hace Valeria, quien lleva sobre sus rodillas a su pequeñuela, toda gorjeos, toda riente. El otro carro de viaje, aún más pomposo, pasa sin que ninguna cortina se separe, pero, una vez que ha pasado, por la parte de detrás, entre las cortinas anudadas, Lidia asoma su rosado rostro y hace un gesto de reverencia. La caravana se aleja...
Sobre este boceto, Maria Valtorta escribió, además de los cuatro puntos cardinales:
Llanura, Samaria, montañas del sur.
ECR 193.5 · Volume 3
«Bien, ya estamos ante las puertas de Siquem. Adelántate con tu hermano y con Judas de Simón para buscar dónde alojarnos. Yo voy a la plaza del mercado; allí te espero».
Se separan. Pedro galopa en busca de un alojamiento. Los demás caminan fatigosamente por los caminos llenos de gente que grita y gesticula, llenos de asnos, carros... todos dirigidos hacia Jerusalén para la Pascua ya inminente. Voces, unos que llaman a otros, imprecaciones... se mezclan con los rebuznos asnales, creando un bullicio que retumba fuerte bajo los atrios tendidos entre casa y casa: es un ruido que recuerda al murmullo de ciertas conchas cuando se arriman a la oreja. El eco va de una bóveda a otra, donde ya las sombras se dan cita, y la gente, como un flujo continuo de agua, se da a caminar por las calles, se adentra en búsqueda de un techo, de una plaza, de un prado, para pasar la noche...
Jesús, con el niño de la mano, apoyado en un árbol, espera a Pedro en la plaza, que con esta ocasión está continuamente llena de vendedores.
«¡Que no nos vea nadie y nos reconozca!» dice Judas Iscariote.
«¿Cómo se puede reconocer un grano entre la arena?» responde Tomás. «¿No ves qué gentío?».
Vuelve Pedro: «Fuera de la ciudad hay un cobertizo con heno. No he encontrado nada más».
«No vamos a buscar nada más. Es hasta demasiado para el Hijo del hombre».
ECR 211.5 · Volumen 3
No es lícito acusar si no se conoce, ni juzgar sin haber oído al acusado. Mas, hoy día, a las acusaciones y condenas debidas a culpas supuestas en todos, o a culpas imaginadas, se ha añadido una nueva serie: la que se dirige y se pronuncia contra los que se presentan en nombre de Dios. Durante los siglos pasados, se ha repetido contra los Profetas; ahora es contra el Precursor del Cristo y contra el Cristo.
Ya lo habéis visto. Juan, atraído con engaño fuera del territorio de Siquem, espera la muerte en las prisiones de Herodes, porque nunca se doblegará ante ninguna mentira ni amaño alguno; de todas formas, se podrá troncar su vida, cortarle la cabeza, mas no podrán quebrar su honestidad, ni separar su alma de la Verdad, a la que él ha servido fielmente en sus más distintas formas (divinas, sobrenaturales o morales). De la misma forma, se persigue al Cristo, con furia doble, diez veces mayor, porque Él no se limita a decir: “No te es lícito” a Herodes, sino que, con vehemencia, va diciendo, en nombre de Dios y por el honor de Dios, esto mismo por todos aquellos lugares donde entra y encuentra pecado o sabe que hay pecado, sin excluir a ninguna categoría.