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Notas de la palabra clave

Lugares - La tumba de Raquel

Tema: Región de Judea

Comodidad de lectura

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ECR 73.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

73.1 Un camino de llanura pedregosa, polvorienta, secada por el sol estivo. Discurre entre vigorosos olivos, del todo llenos de pequeñas aceitunas que acaban de formarse. El suelo, en los lugares que no han sido aún pisados, tiene todavía un estrato de diminutas florecitas del olivo, caídas después de la fecundación.

Jesús, con los tres, avanza en fila india a lo largo del margen del camino, donde la sombra de los olivos ha mantenido la hierba todavía verde, y por ello hay menos polvo.

El camino cambia de dirección en ángulo recto y sube levemente hacia una cuenca que tiene forma de amplia herradura, en la cual están esparcidas numerosas casas, más o menos grandes, hasta formar una pequeña ciudad. Exactamente en el punto donde el camino vuelve, hay una construcción cúbica cubierta por una pequeña cúpula baja; está completamente cerrada, como abandonada.

«He ahí el sepulcro de Raquel» dice Simón.

«Entonces casi hemos llegado. ¿Entramos inmediatamente en la ciudad?».

«No, Judas. Antes os enseñaré un lugar... Después entraremos en la ciudad y, dado que hay todavía claridad y por la noche habrá Luna, podremos hablarle a la población, si quiere escuchar».

«¿Cómo quieres que no te escuche?».

73.2 Llegan al sepulcro, antiguo pero bien conservado, bien blanqueado. Jesús se detiene a beber en un rústico pozo cercano.

Detalle

En Judea, cerca de Belén.

ECR 207.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Simón de Jonás se adelanta y alcanza al grupo de Jesús. Pregunta: «¿Por aquí se va a Belén? Juan dice que la otra vez habéis ido por otro camino».

«Es verdad» responde Jesús «pero porque veníamos de Jerusalén. Por aquí es más corto. Cuando lleguemos al sepulcro de Raquel, que quieren verlo las mujeres, nos separaremos, como hace tiempo habéis decidido. Mi Madre quiere ir a Betsur. Allí nos reuniremos de nuevo».

Anotación

¿Vamos de aquí a Belén? Juan dice que la última vez tomaron una ruta diferente. Viaje de Jesús, Juan, Judas y Simón el Zelote. Cf. EMV 70 a EMV 74.

Nos reuniremos entonces en Bet-çur: BET-ÇUR: (la casa del centinela). Betsur (pronunciado Betsour) en el original de Maria Valtorta. Traducido por Béthsur (1985) y por Bet-Çur (2016) en las ediciones francesas. Otras grafías encontradas: Bethsur, Beth-Tsur, Beth-Zur, Bethsour. Hoy Beit Sur, 6 km al norte de Hebrón.

Donde mi Madre desea detenerse: Para encontrarse con una amiga del Templo: Élise. Ver EMV 208 más abajo.

Génesis 35,18-19 - Raquel, la hija menor de Labán. Era muy hermosa. Jacob la encontró en el pozo donde abrevaba sus rebaños, cerca de Harán, en Mesopotamia. En cuanto la vio, se enamoró de ella. Jacob, que no tenía propiedades propias, no podía pagar la suma que todo pretendiente daba a los padres de una joven. Así que sirvió a su suegro durante 7 años para conseguir a Raquel. Al mismo tiempo, Jacob, aislado y huido, se alegró de estar unido a un grupo patriarcal. Firmó un contrato y le dieron una esposa del clan. A partir de entonces, no podía marcharse y llevarse a su mujer y a sus hijos sin permiso, ni siquiera al final del contrato. Al final de los primeros 7 años, Labán engañó a Jacob para que se casara con Lea, su hija mayor, que aparentemente era mucho menos atractiva. El hijo de Isaac sirvió otros 7 años para conseguir a la menor, la única a la que amaba. Raquel se convirtió en su esposa(Génesis 29:1-30), madre de José(Génesis 30:22-25) y luego de Benjamín; murió cuando nació Benjamín(Génesis 35:16-20; 48:7). Jacob la enterró un poco al norte de Efrata, más conocida como Belén. La tumba estaba en un lugar por el que pasaban los viajeros en su camino de Betel a Belén (fuente BibleOnLine).

Libro de Génesis 35, 16-19

Gén 35, 16-19 : Partieron de Betel. Todavía faltaba un trecho para llegar a Efrata, cuando Raquel dio a luz, y su parto fue doloroso. Durante los dolores del parto, la comadrona le dijo: "No temas, porque vas a tener otro hijo. Cuando se le fue el alma, pues se estaba muriendo, le puso por nombre Benoni, pero su padre le llamó Benjamín. Raquel murió y la enterraron en el camino de Efrata, que es Belén. 20Jacob construyó un monumento sobre su tumba; es el monumento de la Tumba de Raquel, que aún sigue en pie.

ECR 207.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Prosiguen el camino por este fresco valle que va en dirección Este-Oeste. Luego giran levemente hacia el Norte para bordear un entrante de un collado, y llegan así al camino que de Jerusalén conduce a Belén, justo a la altura de un cubo — la tumba de Raquel — que culmina en una pequeña cúpula orbicular. Todos se acercan para orar con reverencia.

«Aquí nos detuvimos yo y José... Está todo igual. Lo único distinto es la estación: en aquel entonces era un frío día de Kisléu. Había llovido, los caminos estaban embarrados; luego se había levantado un viento helador y quizás había caído escarcha durante la noche. Los caminos estaban endurecidos, pero, recorridos todos ellos por carros y por mucha gente, parecían un mar lleno de hoyos. Se hacía muy trabajoso para mi burrito...».

«¿Y para ti no, Madre?».

«¡Yo te tenía a ti!...». La expresión de beatitud con que le mira es verdaderamente conmovedora.

Unos instantes después, sigue hablando:

«Atardecía. José estaba muy preocupado... Se estaba levantando un viento que cortaba, y cada vez soplaba más fuerte... La gente que iba hacia Belén apresuraba su paso. Chocaban unos con otros. Muchos decían insolencias contra mi burrito, por lo despacio que iba, buscando el lugar donde apoyar sus pezuñas... Parecía como si supiera que Tú estabas ahí... durmiendo el último sueño en la cuna de mis entrañas. Hacía frío... pero yo ardía por dentro. Te sentía llegar... ¿Llegar? Podrías decir: “Mamá, Yo ya estaba desde hacía nueve meses”. Sí. Pero ahora era como si vinieras del Cielo. El Cielo descendía, se plegaba hacia mí, y yo veía sus resplandores... Veía a la Divinidad arder de gozo por tu inminente nacimiento, y ese fuego me traspasaba, me incendiaba, me abstraía... de todo... Frío... viento... gente... ¡Nada! Yo veía a Dios... De tanto en tanto, con esfuerzo, lograba volver con mi espíritu a esta tierra, y sonreía a José, que temía al frío y al cansancio por mí, y que iba guiando al burrito por temor a que tropezase, y que me arropaba con la manta porque temía que me enfriase... Mas nada podía suceder. No sentía los bamboleos. Me parecía ir por un camino de estrellas, entre nubes cándidas, sujetada por ángeles... Y sonreía... Primero a ti... Te veía dormir, capullo mío de azucena, a través de la barrera de la carne, con los puñitos apretados en tu camita de rosas vivas... Luego sonreía a mi esposo, que estaba profundamente afligido, para infundirle ánimo... Luego a la gente, que no sabía que estaba respirando ya en el aura del Salvador...

Nos detuvimos cerca de la tumba de Raquel, para que descansase un momento el borriquillo y para comer un poco de pan y unas aceitunas, nuestras provisiones de pobres. Pero yo no tenía hambre. No podía tener hambre... Me alimentaba mi alegría...