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Notas de la palabra clave

Jesucristo - Hijo del Hombre

Tema: Atributos de Jesucristo · Página 1 de 4

Comodidad de lectura

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ECR 50.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ahora oraremos y luego cada uno irá a realizar sus cometidos».

«¿Y Tú, Maestro?».

«Oraré más. Soy la Luz del mundo, pero también soy el Hijo del hombre. Por ello siempre tengo que beber de la Luz para ser el Hombre que redime al hombre. Oremos».

Detalle

Jesús dijo a los discípulos:

ECR 54.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Oh, amigos!, ¿y quién es perfecto sino Dios?».

«¡Tú lo eres!».

«En verdad os digo que no por mí soy perfecto, si creéis que Yo soy un profeta. Ningún hombre es perfecto. Pero Yo soy perfecto porque el que os habla es el Verbo del Padre. Parte de Dios, su Pensamiento que se hace Palabra, Yo tengo la Perfección en mí. Y tal me debéis creer, si creéis que Yo soy el Verbo del Padre. Y, no obstante, ¿lo veis, amigos?, Yo quiero ser llamado el Hijo del hombre, porque me anonado cargándome todas las miserias del hombre, para llevarlas — mi primer patíbulo — y anularlas después (“llevarlas”, no “tenerlas”). ¡Qué peso, amigos! Pero lo porto con alegría. Mi alegría es portarlo, porque, siendo el Hijo de la humanidad, haré a la humanidad hija de Dios. Como el primer día».

Detalle

Siendo parte de Dios, su Pensamiento hecho Verbo, tengo la perfección en mí. En una nota de la segunda edición, está escrito: "parte no debe entenderse como "porción", sino como "pertenencia". A diferencia del hombre, que pertenece a Dios no por naturaleza, sino por semejanza (nota 167,9), Jesús pertenece a Dios por naturaleza: es decir, es Dios como el Padre (dirá en 487,4: "Yo soy suyo, parte y todo con él"). Por eso su perfección no reside en el hecho de que sea profeta (como ha dicho más arriba), sino en que es Dios-Hombre. La parte humana del Dios-Hombre se completó exhaustivamente con su victoria sobre las tentaciones (como él mismo dirá en 80,10 y como queda claro al final de la nota a 174,9). Los discursos de Jesús en los capítulos 487 y 506 sobre las dos naturalezas, divina y humana, son fundamentales.

Hijo del hombre es el más frecuente de los títulos dados a Jesús y que Jesús se da a sí mismo. Su significado general se da en 343,4; pero su sentido mesiánico se encuentra aquí, así como, por ejemplo, en 126,3 y 603,1.

ECR 61.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Ay de quien se rebaja a sí mismo, hombre, a un grado inferior al animal! Si podía haber disculpa todavía para aquellos que hasta el momento presente pecaban — porque demasiado tiempo y demasiado polvo del mundo han transcurrido desde que la Ley fue dada, y sobre ésta el polvo se ha posado —, ahora ya no. Yo he venido para traeros de nuevo la palabra de Dios. El Hijo del hombre está entre los hombres para llevarlos de nuevo a Dios. Seguidme. Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida.

ECR 62.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

62.3 Pero... me buscabais; ¿queríais algo de mí?».

«No, Maestro, pero sí hay muchos que desean mucho de ti. Ya había gente que iba hacia Cafarnaúm: eran pobres, enfermos, gente que sufre, hombres de buena voluntad con el deseo de instruirse. Y, dado que nos preguntaban por ti, les hemos dicho: “El Maestro está cansado y duerme. Marchaos. Venid el próximo sábado”».

«No, Simón. Eso no se dice. No hay solamente un día para la piedad. Yo todos los días de la semana soy el Amor, la Luz, la Salud».

«Pero... hasta ahora has venido hablando sólo los sábados».

«Porque aún no era conocido; pero, a medida que lo sea, todos los días serán días de efusión de Gracia y de gracias. En verdad te digo que llegará un momento en que ni siquiera el espacio de tiempo que se le concede al gorrión para descansar sobre una rama y saciarse de semillas se le dejará al Hijo del hombre para su descanso y alimentación».

«¡Pero entonces te pondrás enfermo, y eso nosotros no lo permitiremos! No debe hacerte infeliz tu bondad».

«¿Y tú crees que esto me puede hacer infeliz? ¡Oh, si el mundo entero viniera a mí para escucharme, para llorar sus pecados y sus sufrimientos en mi corazón, para obtener la salud del alma y del cuerpo, y Yo me consumara en hablarle, en perdonarle, en infundir mi poder, entonces sería tan feliz, Pedro, que ya no echaría de menos ni siquiera el Cielo en que estaba en el Padre!...»

ECR 64.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Mi amado ha bajado a su jardín, al pensil de los aromas, a deleitarse entre los jardines y a recoger lirios... él, que se sacia entre los lirios”, dice Salomón de David de quien provengo Yo, Mesías de Israel.

¡Mi jardín! ¿Qué jardín más hermoso y más digno de Dios que el Cielo, donde son flores los ángeles creados por el Padre?... Y, sin embargo, otro jardín ha querido el Hijo unigénito del Padre, el Hijo del hombre, porque por el hombre Yo tengo carne, sin la cual no podría redimir las culpas de la carne del hombre; un jardín que habría podido ser poco inferior al celeste, si desde el Paraíso terrestre se hubieran efuso, como dulces abejas desde un arna, los hijos de Adán, los hijos de Dios, para poblar la tierra de santidad destinada toda al Cielo. Pero el Enemigo sembró tribulaciones y espinas en el corazón de Adán, y tribulaciones y espinas desde este corazón se derramaron sobre la tierra, no ya jardín, sino selva áspera y cruel en que se estanca la fiebre y anida la serpiente.

Pero el Amado del Padre tiene todavía un jardín en esta tierra en que impera Satanás: el jardín al que va a saciarse de su alimento celeste: amor y pureza; el pensil del que coge las flores que aprecia, en las cuales no hay mancha de sentido, de avaricia, de soberbia: éstos — Jesús acaricia a todos los niños que puede, pasando su mano sobre la corona de cabecitas atentas (una única caricia que apenas los toca y les hace sonreír de alegría) —; éstos son mis lirios.

No tuvo Salomón, en su riqueza, vestidura más hermosa que el lirio que perfuma la hoya, ni diadema de más aérea y espléndida gracia que la que tiene el lirio en su cáliz de perla. Y, no obstante, para mi corazón no hay lirio que valga lo que uno de éstos; no hay jardín, no hay jardín de ricos, todo cultivado de lirios, que me valga cuanto uno sólo de estos puros, inocentes, sinceros, sencillos párvulos.

ECR 64.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

64.5 «Maestro» grita Pedro entre la muchedumbre «aquí están los enfermos. Dos pueden esperar a que salgas, pero a éste le está estrujando la multitud y, además... ya no aguanta más, y no podemos pasar. ¿Le digo que vuelva otra vez?».

«No. Descolgazle por el techo».

«¡Es verdad! ¡En seguida!».

Se oye caminar arrastrando los pies sobre el techo bajo de la estancia, la cual, no formando realmente parte de la casa, no tiene encima la terraza unida con cemento, sino sólo un tejaducho de haces de ramas cubiertas con placas similares a la pizarra. No sé qué piedra era. Hacen una abertura, y, con unas cuerdas, descuelgan la pequeña camilla en la que está el enfermo; la descuelgan justo delante de Jesús; la gente se apiña aún más, para ver.

«Has tenido una gran fe, como también quien te ha traído».

«¡Oh! ¡Señor! ¿Cómo no tenerla en ti?».

«Pues bien, Yo te digo: hijo — el hombre es muy joven —, te son perdonados todos tus pecados».

El hombre le mira llorando... quizás se queda un poco contrariado porque esperaba la curación del cuerpo.

Los fariseos y doctores murmuran, arrugando nariz, frente y boca con desprecio.

«¿Por qué murmuráis, con los labios y, sobre todo, en el corazón? Según vosotros, ¿es más fácil decirle al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o: “Levántate, toma la camilla y anda”? Vosotros pensáis “sólo Dios puede perdonar los pecados”. Pero no sabéis responder cuál es la cosa más grande, porque a este hombre, maltrecho en todo su cuerpo, y que ha gastado los haberes sin resultado alguno, sólo le puede curar Dios. Pues bien, para que sepáis que Yo lo puedo todo, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder sobre la carne y sobre el alma, en la tierra y en el Cielo, Yo le digo a éste: levántate, toma tu camilla y anda. Ve a tu casa y sé santo».

El hombre se estremece, grita, se levanta, se echa a los pies de Jesús, los besa y acaricia, llora y ríe, y con él los familiares y la multitud, la cual, luego, se abre para dejarle pasar y le sigue jubilosa (la muchedumbre, no los cinco rencorosos que se marchan engreídos y duros como estacas).

ECR 69.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

69.5 He tomado verdadera carne para poder saber, por experiencia de carne, cuáles son las tentaciones del hombre».

«¿Y los pecados?».

«Todos pueden ser tentados; pecador, sólo quien quiere serlo».

«¿No has pecado nunca, Jesús?».

«Nunca he querido pecar. Y ello no porque sea el Hijo del Padre, sino que es que lo he querido y lo querré, para mostrarle al hombre que el Hijo del hombre no pecó porque no quiso pecar y que el hombre, si no quiere, puede no pecar».

«¿Has sido tentado alguna vez?».

«Tengo treinta años, Judas, y no he vivido en una cueva de un monte, sino entre los hombres. Y aunque hubiera estado en el lugar más solitario de la tierra ¿tú crees que no habrían venido las tentaciones? Todo lo tenemos en torno a nosotros: el bien y el mal. Todo lo llevamos con nosotros. Sobre el bien sopla el hálito de Dios y lo aviva como a turíbulo de gratos y sagrados inciensos. Sobre el mal sopla Satanás y, encendiéndolo, lo transforma en hoguera de feroz lengua. Mas la voluntad atenta y la oración constante son húmeda arena sobre la llamarada de infierno: la sofocan y la extinguen».

«Pero, si no has pecado jamás, ¿cómo puedes emitir tu juicio sobre los pecadores?».

«Soy hombre y soy el Hijo de Dios. Cuanto podría ignorar como hombre, y juzgarlo mal, lo conozco y juzgo como Hijo de Dios. Y, además... Judas, respóndeme a esta pregunta: uno que tiene hambre ¿sufre más cuando dice: “ahora me siento a la mesa”, o cuando dice “no hay comida para mí”?».

«Sufre más en el segundo caso, porque sólo el saberse privado del alimento le trae a la memoria el olor de las viandas, y las vísceras se retuercen de deseo».

«Exacto: la tentación es mordiente como este deseo, Judas. Satanás lo hace más agudo, exacto y seductor que cualquier acto cumplido. Además, el acto satisface, y alguna vez nausea, mientras que la tentación no desaparece, sino que, como árbol podado, echa ramas cada vez más vigorosas».

«¿Y no has cedido nunca?».

«No he cedido nunca».

«¿Cómo lo has conseguido?».

«He dicho: “Padre, no me dejes caer en la tentación”».

«¿Cómo? ¿Tú, Mesías, Tú, que obras milagros, has solicitado la ayuda del Padre?».

«No sólo la ayuda: le he pedido que no me deje caer en la tentación. ¿Tú crees que, porque Yo sea Yo, puedo prescindir del Padre? ¡Oh, no! En verdad te digo que el Padre le concede todo al Hijo, pero también el Hijo recibe todo del Padre. Y te digo que todo lo que se le pida al Padre en mi nombre será concedido.»

ECR 78.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Gracias a los hombres de esta ciudad que han inclinado sus corazones ante el Verbo del Padre, ante el Padre cuyo Verbo soy Yo. Porque, sabed que no es al Hijo del hombre, que os está hablando, sino al Señor altísimo, a quien hay que rendir gracias y honor por este tiempo de paz con que Él vuelve a soldar la paternidad quebrada con los hijos del hombre. Alabemos al Señor verdadero, al Dios de Abraham, que ha tenido piedad de su pueblo, le ha amado y le otorga al Redentor prometido. No a Jesús, siervo de la eterna Voluntad, sino a esta Voluntad de amor, gloria y honor».

Detalle

Jesús habló al jefe de la sinagoga de Queriot y le dijo: