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Notas de la palabra clave

Biblia - Segundo libro de Samuel

Tema: Libros del Antiguo Testamento

Comodidad de lectura

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ECR 132.2

El Evangelio como me ha sido revelado

ECR 188.1-3.5-6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

188.1

El Tabor está ahora a espaldas de los caminantes. Ya lo han salvado. El grupo camina por una llanura cerrada entre este monte y otro que está de frente; van hablando de la ascensión, que todos han realizado, aunque al principio parecía que los más mayores quisieran evitarla; ahora están contentos de haber subido a la cima.

Se anda bien ahora porque van por un camino de primer orden bastante cómodo. La hora es fresca. Tengo la impresión de que han pernoctado en las laderas del Tabor.

«Aquello es Endor» dice Jesús señalando hacia un humilde pueblo asido a las primeras elevaciones de este otro grupo de montes. «¿Estás decidido realmente a ir?».

«Si me quieres contentar...» responde Judas Iscariote.

«Pues vamos».

«Pero, ¿habrá que andar mucho?» pregunta Bartolomé, que, debido a su edad, no debe sentir muchas ganas de excursiones panorámicas.

«¡No, no! De todas formas, si os queréis quedar...» dice Jesús.

«¡Sí, sí, quedaos! ¡hombre! Me basta ir con el Maestro» se apresura a decir Judas de Keriot.

«Bueno, yo quisiera saber, antes de decidir, lo que hay de vistoso... Desde la cima del Tabor hemos visto el mar, y, después de lo que ha dicho el muchacho, tengo que confesar que ha sido la primera vez que lo he visto verdaderamente bien, que lo he visto como Tú ves: con el corazón. Aquí... quisiera saber si hay algo que aprender, porque entonces voy, aunque me cueste...» dice Pedro.

«¿Estás oyéndolos? Todavía no has dicho tu intención. ¿Quisieras ahora ser tan amable para con tus compañeros de decirla?» invita Jesús a responder.

«¿No fue a Endor adonde Saúl quiso ir para consultar a la pitonisa?».

«Sí. ¿Y...?».

«Pues, Maestro, que me gustaría ir a ese sitio y oírte hablar de Saúl».

«¡Ah, pues entonces voy también yo!» exclama Pedro todo animado.

«Bien, vamos».

Recorren ligeros el último trecho del camino principal para dejarlo luego por un camino secundario que lleva derecho a Endor.

188.2

Es un lugar humilde, como ha dicho Jesús. Las casas están cimentadas en las laderas, las cuales, después del pueblo, se hacen más escabrosas. Pobres gentes son sus habitantes. La mayoría de los vecinos deben ejercer el pastoreo por los pastos monte arriba y en los bosques de encinas seculares. Hay pocas y pequeñas parcelas reservadas al cultivo de la cebada — o un cereal forrajero semejante — en los recortes propicios; también manzanos e higueras. En torno a las casas, pocas vides que decoran un poco las míseras paredes, oscuras cual si fuera un lugar más bien húmedo.

«Ahora preguntamos dónde estaba el lugar de la maga» dice Jesús, y para a una mujer que vuelve de la fuente con las ánforas.

Ella le mira con curiosidad, y contesta con desaire: «No lo sé. Tengo otras cosas mucho más importantes que esas habladurías». Le deja bruscamente.

Jesús se dirige a un viejecillo que está labrando un trozo de madera.

«¿La maga?... ¿Saúl? Ya nadie se interesa de ello. No obstante, espera... hay uno que ha estudiado y quizás sepa... Ven».

El viejecito se pone a subir, renqueando, por una callejuela pedregosa, hasta una casa muy mísera, desastrada. «Está aquí. Voy a entrar a llamarle».

Pedro, haciendo alusión a algunas aves de corral que están escarbando la tierra en un pequeño y sucio patio, dice: «Este hombre no es israelita». Pero no dice nada más, porque el viejecillo está volviendo, seguido por un hombre bizco, sucio y desaliñado, como todo lo que hay en su casa.

El viejecillo dice: «¿Ves? Este hombre dice que es allí, pasada aquella casa derruida: un sendero, luego un regato, luego una arboleda, y cavernas; bueno, pues la más alta de esas cuevas, la que tiene todavía a su lado muros derruidos, es la que estás buscando. ¿No es eso?».

«No. Has confundido todo. Voy yo con estos extranjeros». El hombre tiene una voz áspera y gutural, lo cual aumenta el sentido de incomodidad.

188.3

Se encamina. Pedro, Felipe y Tomás hacen repetidamente señas a Jesús para que no vaya. Pero Jesús no hace caso y se encamina detrás del hombre, con Judas; los demás le siguen... de mala gana. (...)

188.5

Llegan a una covacha hecha con bloques de paredón y aprovechando las mismas cavidades del monte. El hombre trata de afianzar la voz y dice: «Bueno, es aquí. Entra si quieres».

«Gracias, amigo. Sé bueno».

El hombre no dice nada, se queda donde está, mientras Jesús y los suyos, pasando por encima de bloques de piedra que, sin duda, habían pertenecido a muros muy fuertes, incomodando a lagartos y otros feos animales, entran en una espaciosa gruta ahumada, en cuyas paredes hay todavía — grafitos incisos en la roca — signos zodiacales y otras zarandajas de este tipo. En un rincón ennegrecido hay un nicho, debajo del cual se ve un agujero que parece una alcantarilla para la coladura de líquidos. Racimos repulsivos de murciélagos decoran el techo. Un búho, disturbado por la luz de una rama que Santiago ha encendido para ver si pisan escorpiones o áspides, se queja batiendo sus alas acolchadas y entornando sus feotes ojos heridos por la luz; está acurrucado dentro del nicho mientras un hedor de ratas muertas, comadrejas, pájaros en putrefacción entre sus pies, se mezcla con el olor del estiércol y del suelo húmedo.

«¡Realmente bonito este sitio!» dice Pedro. «¡Era mejor tu Tabor y tu mar, muchacho!». Y luego, volviéndose a Jesús: «Maestro, date prisa en complacer a Judas porque esto... ¡ciertamente, no es la sala real de Antipas!».

«En seguida. ¿Exactamente, qué quieres saber?» pregunta a Judas de Keriot.

«Bien... Quisiera saber si — y por qué — Saúl pecó viniendo aquí... Quisiera saber si una mujer puede evocar a los muertos. Querría saber si... Bueno, en fin, habla y yo te haré preguntas».

«¡Asunto largo! Al menos vamos afuera, al sol, sobre las rocas... Así evitaremos humedad y mal olor» suplica Pedro.

Jesús accede a ello. Se sientan como pueden sobre los paredones derruidos.

«El pecado de Saúl no fue sino uno de sus pecados, precedido y seguido de muchos otros, todos graves. Dúplice ingratitud para con Samuel, que no sólo le unge rey sino que además se eclipsa después para que el rey no deba repartir con él la admiración del pueblo. Ingrato en repetidas ocasiones para con David, que le libera de Goliat, que le exonera de una muerte cierta en la caverna de Engadí y en Aquila. Culpable de múltiples desobediencias y de escándalo ante el pueblo. Culpable de haber apenado a Samuel, su benefactor, faltando a la caridad. Culpable de envidia y de atentar contra la vida de David, también benefactor suyo. Culpable, en fin, del delito cometido aquí».

«¿Contra quién?, pues aquí no mató a nadie».

«Mató su alma, terminó de matarla, aquí dentro.

188.6

¿Por qué bajas la cabeza?».

«Pienso, Maestro».

«Piensas... Ya lo veo... ¿Y en qué estás pensando? ¿Por qué has querido venir aquí? Reconoce que no ha sido por pura curiosidad de estudioso».

«Siempre se oye hablar de magos, de nigromancias, de invocación de espíritus... Quería ver si descubría algo... Me gustaría saber cómo se producen estas cosas... Creo que nosotros, destinados a asombrar a la gente para captarla, deberíamos ser un poco nigromantes. Tú eres Tú y obras con tu poder, pero nosotros tenemos que pedir un poder, una ayuda, para realizar obras insólitas, obras que se impongan...».

«¡Pero estás loco? ¡Pero qué dices?» gritan muchos de los apóstoles.

«Callad. Dejadle hablar. Lo suyo no es locura».

«Sí, bueno, me parecía que, viniendo aquí, un poco de la magia de otros tiempos podría entrar en mí y hacerme más grande. Buscando tu interés, créeme».

«Sé que este deseo tuyo de ahora es sincero; no obstante, te respondo con palabras eternas — porque están contenidas en el Libro, y el Libro existirá mientras exista el hombre; existirá siempre, ya crean en él y lo empuñen en nombre de la Verdad, ya sea objeto de burla o de risa.

Está escrito: “Y Eva, visto que el fruto del árbol era apetitoso para el paladar y agradable a la vista, lo cogió, y comió, y se lo ofreció a su marido... Y entonces sus ojos se abrieron, y se dieron cuenta de que estaban desnudos y se hicieron unos ceñidores... Y Dios dijo: ‘¿Cómo os habéis dado cuenta de que estabais desnudos? Por haber comido el fruto prohibido’. Y los echó del paraíso de delicias”. En el libro de Saúl se lee: “Apareció Samuel y dijo: ‘¿Por qué me has incomodado invocándome? ¿Por qué me consultas después de que el Señor se ha retirado de ti? El Señor te tratará como te he anunciado... porque no has obedecido a la voz del Señor’ ”.

Hijo, no tiendas tu mano al fruto prohibido; el solo hecho de acercarte a él ya es una imprudencia. No tengas curiosidad por conocer lo ultraterreno; ten temor a que el veneno satánico de la curiosidad se te adhiera. Evita lo oculto y lo que no tiene explicación. Una sola cosa debe recibirse con santa fe: Dios. Mas evita aquello que no es Dios y que no se puede explicar con las fuerzas de la razón ni crear con las fuerzas del hombre; evítalo, para que no se te abran las fuentes de la malicia y comprendas que estás “desnudo”. Desnudo: repelente de humanidad mezclada con el satanismo. ¿Por qué quieres causar asombro con oscuros prodigios? Cáusalo con tu santidad, luminosa como cosa proveniente de Dios. No desees rasgar los velos que separan a los vivos de los difuntos. No molestes a los difuntos. Escúchalos — a los sabios — mientras están en este mundo y venéralos obedeciéndolos incluso después de la muerte. No disturbes su segunda vida. Quien no obedece a la voz del Señor pierde al Señor; mas el Señor ha prohibido el ocultismo, la nigromancia, el satanismo en todas sus formas. ¿Qué más quieres saber aparte de lo que te dice la Palabra?, ¿qué más quieres obrar aparte de lo que tu bondad y mi poder te conceden que obres? No te inclines hacia el pecado, antes bien, aspira a la santidad, hijo.

No te sientas avergonzado. Me agrada que reveles tu humanidad. Lo que te atrae a ti atrae a muchos, a demasiados. Lo único que le quita peso a esta humanidad, mucho peso, y le pone alas, es el fin que has puesto en este deseo, o sea, “tener potencia para atraer hacia mí”; pero son alas de ave nocturna. No, Judas mío, ponle alas solares, de ángel, a tu espíritu; bastará el viento de estas alas para captar a los corazones, y los llevarás, por tu surco, a Dios. ¿Nos vamos?».

«Sí, Maestro. Confieso mi error...».

«No. Lo que ha sucedido es que has pretendido averiguar. El mundo estará lleno siempre de personas curiosas. Ven, ven, vámonos de este lugar maloliente. ¡Vamos hacia el sol! Dentro de pocos días será Pascua. Después iremos a ver a tu madre: evócala a ella — y no a los muertos —, evoca tu casa honesta y a tu madre santa. ¡Oh, qué paz!».

Como siempre, el recuerdo de su madre, la alabanza del Maestro a su madre, calma a Judas.

Anotación

¿No fue en En-Dor donde Saúl quiso ir a consultar a la Pitia? Como leemos en: 1 Samuel 28:3-25 | 1 Crónicas 10:13-14 | Eclesiástico 46:20, con analogías en 2 Reyes 21:6 | Isaías 8:19-20.

La historia de Saúl y sus "muchos otros" pecados, como se afirma en EMV188.5 (así como en otros pasajes como EMV 263.2) se encuentra principalmente en 1 Samuel 9-31.

La práctica de la adivinación (o magia, o nigromancia) está prohibida en Levítico 19, 26.31 | Levítico 20, 6.27 | Deuteronomio 18, 9-14.

El nombre de pitonisa dado a la maga se remonta a un dios pagano (Apolo Pitio). El "espíritu pitónico" dado a la hechicera es propio de los paganos (como vimos en EMV 59,4 y EMV 129,3). Satán "habla con los labios de los Pitias" (como leemos en EMV 420.10). La Obra muestra que la secta de los saduceos, fuertemente hostil a Jesús y opuesta a su enseñanza (como puede verse en EMV356,5 | EMV 409,6 y EMV 594,6/7), se entregaba a tales prácticas, a las que también se sentía atraído Judas Iscariote (como puede verse en EMV 334,8 y EMV 357,6). Una invectiva contra los nigromantes se encuentra en EMV 503.7.

Ingratitud hacia David, que se libró de Goliat y le perdonó la vida en la cueva de Engadi (1 Samuel24, 1-23 ) y en Hakila (1 Samuel 26, 1-25).

Dice: "Cuando Eva vio que el fruto del árbol era bueno para comer y hermoso para mirar, lo cogió, comió un poco y dio otro poco a su marido... Entonces se les abrieron los ojos y vieron que estaban desnudas, y se hicieron fajas... Y Dios dijo: '¿Y quién os ha dicho que estabais desnudas? Entonces comisteis del árbol que os había prohibido. Y los expulsó del paraíso de las delicias. "En Génesis 3, 6.

En el libro de Saúl está escrito: "Samuel dijo, cuando apareció: '¿Por qué me has inquietado haciéndome llamar? ¿Por qué me interrogas cuando el Señor se ha retirado de ti? El Señor tratará contigo como te he dicho... porque no has obedecido la voz del Señor. En 1 Samuel 28, 15-19.

Dentro de unos días será Pascua: 14 de Nisán.

Primer libro de Samuel 28, 3-25

1 Samuel 28, 3-25 Murió Samuel, y todo Israel hizo duelo por él, y lo enterraron en Ramá, en su ciudad. Y Saúl había echado del país a los que invocaban a los muertos y a los adivinos.

Y los filisteos se juntaron, y vinieron y acamparon en Sunam; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gelboe. Cuando Saúl vio el campamento de los filisteos, tuvo miedo y su corazón se turbó en gran manera. Saúl preguntó al Señor, pero el Señor no le respondió, ni por sueños, ni por el Urim, ni por los profetas. Entonces Saúl dijo a sus siervos: "Buscadme una mujer que invoque a los muertos, e iré a verla y consultaré con ella." Sus siervos le dijeron: "Hay una mujer en Endor que invoca a los muertos". Entonces Saulo se disfrazó, se vistió con otras ropas y se puso en camino, acompañado de dos hombres. Llegaron de noche a casa de la mujer, y Saulo le dijo: "Dime el futuro conjurando a un muerto, y tráeme al que yo te diga". La mujer replicó: "He aquí, tú sabes lo que ha hecho Saúl, cómo ha eliminado de la tierra a los que conjuran a los muertos y a los adivinos; ¿por qué me tiendes una trampa para matarme?". Saúl le juró por Yahvé: "Vive Yahvé, que ningún mal te sucederá por esto." Y la mujer le dijo: "¿A quién te traigo?". Él respondió: "Tráeme a Samuel".

Cuando la mujer vio a Samuel, dio un gran grito; y la mujer dijo a Saúl: "¿Por qué me has engañado? Tú eres Saúl!" El rey le dijo: "No temas; pero ¿qué has visto?". La mujer respondió a Saúl: "Veo un dios que surge de la tierra". Él le preguntó: "¿Qué aspecto tiene? Y ella respondió: "Es un anciano que sube, y va envuelto en un manto". Cuando Saúl se dio cuenta de que era Samuel, se arrojó de bruces al suelo y se postró.

Samuel dijo a Saúl: "¿Por qué me has inquietado haciéndome subir?". Saúl respondió: "Estoy muy angustiado: los filisteos están en guerra contra mí, y Dios se ha alejado de mí; no me ha respondido ni por profetas ni por sueños. Por eso te he pedido que me digas qué debo hacer. Samuel respondió: "¿Por qué me consultas a mí, si Yahvé se ha alejado de ti y se ha convertido en tu adversario? Yahvé ha hecho lo que predijo por medio de mí: Yahvé te ha arrebatado el reino de las manos y se lo ha dado a tu compañero David. Porque no obedeciste la voz del Señor y no trataste a Amalec según el ardor de su ira, el Señor te ha hecho esto hoy. Y Yahvé entregará también a Israel contigo en manos de los filisteos. Mañana estaréis conmigo tú y tus hijos, y Yahvé entregará el campamento de Israel en manos de los filisteos." Inmediatamente Saúl cayó al suelo en toda su estatura, pues las palabras de Samuel lo habían llenado de espanto; además, le flaqueaban las fuerzas, pues no había tomado alimento en todo el día ni en toda la noche.

La mujer se acercó a Saúl y, viendo su turbación, le dijo: "Tu siervo ha obedecido tu voz; yo he entregado mi vida en obediencia a las palabras que me dijiste. Ahora tú también debes escuchar la voz de tu siervo y permíteme ofrecerte un trozo de pan; cómetelo para que estés fuerte cuando sigas tu camino. Pero él se negó, diciendo: "No comeré. Sus criados y la mujer le instaron a comer, y él accedió. Se levantó del suelo y se sentó en el sofá. La mujer tenía en casa un ternero cebado, así que se apresuró a matarlo y cogió un poco de harina, la amasó y coció con ella panes sin levadura. Los puso delante de Saúl y de sus criados, y comieron. Luego se levantaron y partieron esa misma noche.

Primer libro de las Crónicas 10, 13-14

1 Capítulo 10, 13-14: Saúl murió a causa de su transgresión contra Yavé, por no haber guardado la palabra de Yavé, y por preguntar y consultar a los que invocan a los muertos. Como no consultó a Yahvé, Yahvé le dio muerte y transfirió el reino a David, hijo de Jesé.

Libro del Eclesiástico 46, 20

Si 46, 20: Cuando se durmió, profetizó y anunció al rey su próximo fin. Y alzando su voz desde la tierra, profetizó para borrar la iniquidad del pueblo.

Segundo libro de los Reyes 21, 6

2 Reyes 21, 6: Hizo pasar a su hijo por el fuego; practicó el augurio y la adivinación; instituyó nigromantes y hechiceros; haciendo así cada vez más lo que era malo a los ojos de Yahvé, para provocarlo a ira.

Libro de Isaías 8, 19-20

Is 8, 19-20 : Cuando os digan: "Consultad a los que invocan a los muertos, y a los adivinos que murmuran y susurran", responded: "¿No debe un pueblo consultar a su Dios? ¿Consultarán a los muertos por el bien de los vivos? ¡Por la enseñanza y el testimonio! Si el pueblo habla de otra manera, no hay amanecer para él".

Primer libro de Samuel 9-31

Dado el número de capítulos (casi 12), no los reproduciremos en esta nota.

Libro del Levítico 19, 26.31

Lev 19, 26.31: No comerás nada que contenga sangre. No practicarás la adivinación ni la magia. No acudas a los que invocan espíritus o adivinos; no los consultes, para no ser contaminado por ellos. Yo soy Yahvé, tu Dios.

Libro del Levítico 20, 6.27

Lev 20, 6.27: Si alguien habla a los que conjuran espíritus y a los adivinos, para prostituirse tras ellos, yo volveré mi rostro contra ese hombre y lo cortaré de entre su pueblo. Cualquier hombre o mujer que conjure espíritus o adivinos será condenado a muerte; morirá apedreado: su sangre está sobre él.

Libro del Deuteronomio 18, 9-14

Dt 18, 9-14: Cuando entres en la tierra que te ha dado Yahvé, tu Dios, no aprendas a imitar las abominaciones de esas naciones. Que no se encuentre entre vosotros nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, que se dedique a adivinaciones, augurios, supersticiones y encantamientos, que utilice amuletos, que consulte a evocadores y hechiceros, y que interrogue a los muertos. Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahvé, y a causa de estas abominaciones Yahvé tu Dios expulsará a estas naciones de delante de ti. Tú serás recto ante el Señor, tu Dios. Porque estas naciones que vas a expulsar escuchan a adivinos y adivinadores, pero Yahvé tu Dios no te lo permitirá.

Libro del Génesis 3, 6

Gn 3, 6 : Cuando la mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, agradable a la vista y apetecible para adquirir conocimiento, tomó de su fruto y comió; dio también un poco a su marido, que estaba con ella, y él comió.

Primer libro de Samuel 24, 1-23

1 Samuel 24, 1-23: David subió de allí y se estableció en las fortalezas de Engaddi. Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, vinieron y le dijeron: "He aquí que David está en el desierto de Engaddi." Entonces Saúl tomó a tres mil de los mejores hombres de todo Israel y fue en busca de David y de sus hombres hasta las peñas de las cabras monteses. Llegó a los corrales de las ovejas, junto al camino; había allí una cueva, a la que Saúl entró para cubrirse los pies; y David y sus hombres estaban sentados al fondo de la cueva. Los hombres de David le dijeron: "Este es el día del que Yahvé te habló: 'He aquí que yo entrego a tu enemigo en tus manos; haz con él lo que quieras'". Entonces David se levantó y cortó a hurtadillas el manto de Saúl. Después, el corazón de David latía con fuerza porque había cortado el borde del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: "¡Que Yahvé me libre de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Yahvé, que ponga mi mano sobre él, pues es el ungido de Yahvé!". Con estas palabras, David reprendió a sus hombres y no permitió que se arrojaran sobre Saúl. Saúl se levantó para salir de la cueva y siguió su camino.

Después David se levantó, salió de la cueva y empezó a gritar a Saúl, diciendo: "¡Oh rey, señor mío!". Saúl miró hacia atrás, y David se inclinó con el rostro hacia el suelo y adoró. David dijo a Saúl: "¿Por qué escuchas las palabras de la gente que dice: He aquí que David procura hacerte mal? He aquí que hoy tus ojos han visto cómo el Señor te ha entregado en mis manos hoy mismo en la cueva. Me dijeron que te matara, pero mis ojos se apiadaron de ti y dije: "No pondré las manos sobre mi señor, porque es el ungido de Yahvé. Mira, pues, padre mío, mira la falda de tu manto en mi mano. Puesto que he cortado el borde de tu manto y no te he matado, reconoce y ve que no hay maldad ni rebeldía en mi conducta, y que no he pecado contra ti. Pero tú andas a la caza de mi vida para quitármela. Que Yahvé sea juez entre tú y yo, y que Yahvé me vengue de ti. Pero mi mano no caerá sobre ti. Del malvado viene la maldad, dice el viejo proverbio; así que mi mano no será sobre ti. ¿Detrás de quién salió el rey de Israel? ¿A quién persigues tú? ¿A un perro muerto? ¿Una pulga? Deja que Yahvé juzgue y decida entre tú y yo. Que él mire y defienda mi causa, y que su sentencia me libre de tu mano".

Cuando David terminó de decir estas palabras a Saúl, éste le dijo: "¿Es ésta tu voz, hijo mío David?". Y Saúl alzó la voz y lloró. Y dijo a David: "Tú eres más justo que yo, pues me has hecho bien y yo te he hecho mal. Hoy has mostrado bondad conmigo, pues el Señor me ha entregado en tus manos y no me has matado. Si alguien se encuentra con su enemigo, ¿lo deja seguir su camino en paz? Que el Señor te recompense por lo que me has hecho hoy. Ahora sé que serás rey y que el reino de Israel será estable en tus manos. Júrame, pues, por Yahvé que no destruirás a mis descendientes después de mí, ni cortarás mi nombre de la casa de mi padre". David se lo juró a Saúl. Y Saúl se fue a su casa, y David y sus hombres subieron a la fortaleza.

Primer libro de Samuel 26, 1-25

1 Samuel 26, 1-25 Los zifeos fueron a ver a Saúl a Gabaa y le dijeron: "David está escondido en la colina de Haquila, al este del páramo". Entonces Saúl se levantó y bajó al desierto de Zif con tres mil de los mejores hombres de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. Saúl acampó en la colina de Haquila, al este del páramo, junto al camino, y David vivía en el desierto. Cuando David vio que Saúl lo buscaba en el desierto, envió espías y descubrió que Saúl había llegado realmente. David se levantó y llegó al lugar donde Saúl estaba acampado. David vio el lugar donde Saúl yacía con Abner, hijo de Ner, capitán de su ejército; y Saúl yacía en medio del campamento, y el pueblo acampaba a su alrededor. - Entonces David dijo a Ahimelec el hitita y a Abisai, hijo de Sarvia y hermano de Joab: "¿Quién está dispuesto a bajar conmigo al campamento a Saúl?". Y Abisai respondió: "Yo descenderé contigo".

Cuando David y Abisai llegaron de noche al pueblo, Saúl estaba tendido en medio del campamento, dormido, con la lanza clavada en la tierra a su lado; Abner y el pueblo estaban tendidos a su alrededor. Abisai dijo a David: "Dios ha encerrado hoy a tu enemigo en tus manos; ahora, te lo ruego, déjame herirlo con la lanza y clavarlo en tierra de un solo golpe, sin que yo tenga que volver." Pero David dijo a Abisai: "¡No lo mates! Porque ¿quién pondría las manos sobre el ungido de Yahvé y quedaría impune?". Y David respondió: "¡Vive Yahvé! Sólo será Yahvé quien lo golpee; o le llegará su día y morirá, o bajará a la guerra y perecerá; ¡pero Yahvé me libre de poner las manos sobre el ungido de Yahvé! Toma ahora la lanza que está junto a su lecho, con el cántaro de agua, y vámonos."

Y David tomó la lanza y el cántaro de agua que estaban junto al lecho de Saúl, y se fueron. Nadie vio, nadie supo, nadie despertó, pues todos dormían, Yahvé había hecho caer sobre ellos un profundo sueño.

David pasó al otro lado y se quedó en la cima del monte, a lo lejos; había un gran espacio entre ambos. David gritó al pueblo y a Abner hijo de Ner, diciendo: "¿No vas a responder, Abner?". Abner respondió y dijo: "¿Quién eres tú que gritas al rey?". David dijo a Abner: "¿No eres tú un hombre? ¿Y quién como tú en Israel? ¿Por qué no has guardado al rey tu señor? Porque uno del pueblo ha venido a matar al rey tu señor. Lo que has hecho aquí no está bien. ¡Vive Yahvé! Merecías morir por no haber guardado a tu señor, el ungido de Yahvé. Ahora mira dónde están la lanza del rey y la jarra de agua que estaba junto a su lecho".

Saúl reconoció la voz de David y dijo: "¿Es ésta tu voz, hijo mío David?". David respondió: "Es mi voz, oh rey, señor mío". Y añadió: "¿Por qué persigue mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho y qué crimen ha cometido mi mano? Que el rey, mi señor, se digne escuchar ahora las palabras de tu siervo: si es Yahvé quien te incita contra mí, que acepte la fragancia de una ofrenda; pero si son los hombres, que sean malditos ante Yahvé, ya que ahora me han expulsado, para quitarme mi lugar de la heredad de Yahvé, diciendo: Id y servid a dioses extranjeros. Que mi sangre no caiga ahora sobre la tierra, lejos de la faz del Señor. Porque el rey de Israel se ha puesto a buscar una pulga, como quien persigue una perdiz en el monte."

Saúl dijo: "He pecado; vuelve, hijo mío David, pues no te haré más daño, ya que mi vida ha sido hoy preciosa a tus ojos. Pero he obrado neciamente y he cometido un gran error". David respondió: "Aquí está la lanza, oh rey; que venga uno de tus jóvenes y la tome. El Señor pagará a cada uno según su justicia y su fidelidad, porque hoy el Señor te ha entregado en mis manos y yo no he querido poner las manos sobre el ungido del Señor. He aquí que, así como hoy tu vida ha sido de gran precio a mis ojos, así también mi vida será de gran precio a los ojos de Yahvé, y él me librará de toda angustia." Saúl dijo a David: "¡Bendito sea mi hijo, David! Sin duda triunfarás en tu empeño". David siguió su camino, y Saúl regresó a su casa.

ECR 217.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« Pero, mientras, Tú, que te dices santo, permites ciertas cosas... Tú, que te dices Maestro, no instruyes primero a tus apóstoles... ¡Míralos, ahí, detrás de ti!... ¡Ahí están, todavía con el instrumento de su pecado entre sus manos! ¿Ves? Han cogido espigas, y es sábado; han cogido espigas que no son suyas: han violado el sábado y han robado».

«Teníamos hambre. En el pueblo al que llegamos ayer por la tarde, hemos pedido alojamiento y comida. Hemos sido rechazados. La única que nos dio algo, parte de su pan y un puñado de aceitunas, fue una viejecita; que Dios se lo pague, multiplicado por cien, pues ha dado todo lo que tenía, pidiendo sólo una bendición. Luego caminamos durante una milla y nos detuvimos, como establece la ley, y bebimos agua de un regato. Después de la puesta de sol, fuimos a aquella casa... Nos rechazaron también. Como puedes ver, en nosotros ha habido voluntad de obedecer a la Ley» responde Pedro.

«Pero no lo habéis hecho. No es lícito, en sábado, hacer obra manual; nunca es lícito coger lo que es de otros. Estamos escandalizados yo y mis amigos».

«Pues Yo no lo estoy. ¿No habéis leído nunca cómo David, en Nob, cogió los panes de la Proposición para alimento suyo y de sus compañeros? Los panes sagrados eran de Dios, estaban en la casa de Dios, reservados, por dictamen eterno, a los sacerdotes. En efecto, está escrito: “Serán de Aarón y de sus hijos, que los comerán en lugar santo porque son cosa santísima”. Y, sin embargo, David los cogió para sí y sus compañeros, porque tenía hambre. Entonces, si el santo rey entró en la casa de Dios y comió los panes de la Proposición en sábado, y ello no le fue imputado como pecado, pues siguió siendo grato a Dios después de ello, ¿cómo dices tú que somos pecadores por coger del suelo de Dios las espigas que por su voluntad han crecido y madurado, las espigas que pertenecen incluso a las aves, las que tú niegas para alimento de los hombres, que son hijos del Padre?» pregunta Jesús.

«Esos panes los pidieron, no los cogieron sin pedirlos, lo cual cambia la situación; y, además, no es verdad que Dios no imputara a David este pecado, porque le castigó con mucha severidad».

«Pero no por eso, sino por la lujuria, por el empadronamiento, no por...» contesta Judas Tadeo.

«¡Basta! No es lícito y no es lícito. No tenéis derecho a hacerlo y no lo haréis.

217.4

Marchaos. No queremos teneros en nuestras tierras.

No os necesitamos. No sabemos qué hacer con vosotros».

«Nos iremos» dice Jesús, impidiendo a los suyos seguir replicando.

«Y para siempre, no lo olvides; que Jonatán de Uziel no vuelva a encontrarse contigo. ¡Fuera!».

«Sí. Me voy. No obstante, nos volveremos a ver. Será Jonatán el que me querrá ver para repetir la condena y para librar para siempre al mundo de mí. Pero entonces será el Cielo el que te dirá: “No te es lícito hacerlo”, y ese “no te es lícito” lo oirás en tu corazón, como pitido de cuerna, durante toda la vida, y después de la vida. De la misma forma que en sábado los sacerdotes del Templo violan el reposo sabático sin cometer por ello pecado, nosotros, siervos del Señor, podemos, dado que el hombre nos niega el amor, tomar del Padre santísimo el amor y el auxilio, sin cometer pecado por ello. Aquí hay Uno que es mucho mayor que el Templo y puede coger lo que quiera de la creación, porque Dios ha puesto todo como escabel de la Palabra. Así que Yo tomo y doy: tomo y doy las espigas del Padre, depositadas en la inmensa mesa que es la Tierra, así como tomo y doy la Palabra. Tomo y doy: a los buenos y a los malos; porque soy Misericordia. Pero vosotros no sabéis qué es la Misericordia. Si supierais qué quiere decir que soy Misericordia, comprenderíais que no quiero sino misericordia. Si supierais qué es la Misericordia, no condenaríais a los inocentes. Pero no lo sabéis. Ni siquiera sabéis que no os condeno. No sabéis que os perdonaré, o, más bien, que pediré al Padre que os perdone. Quiero misericordia, no castigo. No, no sabéis, no queréis saber; y éste es un pecado mayor que el que me imputáis a mí, mayor que el que decís que han cometido estos inocentes. Y sabed que el sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado; sabed que el Hijo del hombre es también señor del sábado. Adiós...».

Se vuelve a los discípulos: «Venid. Vamos a buscar un lecho entre las arenas, que ya están cercanas. Las estrellas serán nuestras compañeras; nos procurará alivio el rocío. Dios, que mandó el maná para Israel, proveerá a nutrirnos también a nosotros, que somos pobres y le somos fieles».

Y Jesús deja plantado al grupo de rencorosos y se marcha con los suyos mientras declina la tarde con las primeras sombras violetas...

Por fin, encuentran una mata de higos picos, en cuya parte más alta, erizada de palas espinosas, están los frutos, que ya empiezan a madurar. Pero... todo es bueno para quien tiene hambre, y, pinchándose, cogen los más hechos y caminan hasta el punto en que los campos terminan en dunas arenosas. En la lejanía se oye el rumor del mar.

«Nos paramos aquí. La arena es blanda y está caliente. Mañana entraremos en Ascalón» dice Jesús... Y todos caen, derrengados, al pie de una alta duna.

Detalle

Los apóstoles tienen hambre y empiezan a arrancar espigas de trigo de los campos al no recibir comida de los habitantes (EMV 217.1). Jesús se encuentra entonces con un grupo de fariseos, entre los que se encuentra Jonatán ben Uziel, miembro del Sanedrín. Este se muestra hostil hacia él y le reprocha al Maestro el comportamiento de los discípulos. Simón Pedro y Judas intervendrán brevemente en 217.3.

Anotación

¿Nunca habéis leído cómo David, en Nob, tomó los panes consagrados para alimentarse, él y sus compañeros? Los panes consagrados pertenecían a Dios, en su casa, reservados por un orden eterno a los sacerdotes. Se dice: «Pertenecerán a Aarón y a sus hijos, quienes los comerán en un lugar sagrado, pues es cosa santísima». Véase 1 Samuel 21, 1-4 y Levítico 24, 9.

Dios castigó duramente a David por su lujuria y por su censo: en cuanto a su lujuria, véase 2 Samuel 12, 9-14 (véase también 94.7). En cuanto al censo, véase 2 Samuel 24, 1-17 y 1 Crónicas 21, 1-17.

Tanto a los buenos como a los malos, pues yo soy la Misericordia. Pero vosotros ignoráis lo que es la misericordia. Si supierais lo que significa, comprenderíais también que solo quiero eso. Véase Oseas 6,6, citado también en Mateo 9,13.

Finalmente encuentran un seto de higueras de India en cuyas copas, erizadas de espinas, comienzan a madurar los higos. Esta mención intriga: se supone que la higuera de India o higuera de Barbaria fue importada de México por Cristóbal Colón. ¿Se trata de un anacronismo flagrante o de un conocimiento poco común de María Valtorta? Véase el comentario.

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Libro del Levítico 24, 9

Lv 24, 9: Pertenecerán a Aarón y a sus hijos, quienes los comerán en lugar santo; pues para ellos es cosa santísima entre las ofrendas quemadas a Yahvé. Es una ley perpetua.

Primer Libro de Samuel, 21, 1-7

1 S 1-7: David se levantó y se marchó, y Jonatán regresó a la ciudad. David se dirigió a Nob, donde estaba el sumo sacerdote Aquimélec; y Aquimélec salió corriendo, asustado, al encuentro de David, y le dijo: « ¿Por qué estás solo y no hay nadie contigo?» David respondió al sacerdote Aquimélec: «El rey me ha dado una orden y me ha dicho: “Que nadie sepa nada del asunto por el que te envío, y te he dado una orden. He fijado un lugar de encuentro para mis hombres. Y ahora, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que haya». » El sacerdote respondió a David y le dijo: «No tengo a mano pan común, pero hay pan consagrado; siempre y cuando tus hombres se hayan abstenido de las mujeres. » David respondió al sacerdote y le dijo: «Nos hemos abstenido de mujeres desde hace tres días, que partí, y los cuerpos de mis hombres son cosa santa; y aunque el viaje sea profano, ¿no queda santificado en cuanto al cuerpo? » Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, pues no había allí otro pan que el pan de la ofrenda, que habían retirado de delante de Yahvé para sustituirlo por pan recién horneado en el momento en que lo retiraban.

Segundo libro de Samuel 12, 9-14

2 S 12, 9-14: ¿Por qué has despreciado la palabra de Yahvé, haciendo lo que es malo a sus ojos? Has matado a Urías el heteo a espada; has tomado a su mujer para hacerla tu esposa, y lo has matado a espada por mano de los hijos de Amón. Y ahora, la espada nunca se apartará de tu casa, porque me has despreciado y has tomado a la mujer de Urías el heteo para hacerla tu esposa. Así dice Yahvé: He aquí que voy a hacer que la desgracia caiga sobre ti desde tu propia casa, y tomaré tus mujeres ante tus ojos para dárselas a tu vecino, y él se acostará con tus mujeres a la vista de este sol. Porque tú has actuado en secreto; y yo haré esto ante todo Israel y a la luz del sol».

David dijo a Natán: «He pecado contra Yahvé». Y Natán dijo a David: «Yahvé ha perdonado tu pecado; no morirás. Pero, como con esta acción has hecho que los enemigos de Yahvé lo menosprecien, el hijo que te ha nacido morirá».

Segundo libro de Samuel 24, 1-17

2 S 24, 1-17: La ira de Yahvé se encendió de nuevo contra Israel, e incitó a David contra ellos, diciéndole: «Ve, haz un censo de Israel y de Judá». » El rey dijo a Joab, jefe del ejército, que estaba con él: «Recorre, pues, todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Bersabé; haz el censo del pueblo, para que yo sepa el número de los habitantes. » Joab respondió al rey: «¡Que Yahvé, tu Dios, multiplique al pueblo cien veces más de lo que es ahora, y que los ojos de mi señor el rey lo vean! Pero ¿por qué se complace mi señor el rey en hacer esto? » Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los jefes del ejército; y Joab y los jefes del ejército se retiraron de ante el rey para hacer el censo del pueblo de Israel.

Tras cruzar el Jordán, acamparon en Aroer, a la derecha de la ciudad, que está en medio del valle de Gad, y luego en Jazer. Llegaron a Galaad y a la tierra de Tahtim-Hodsi; luego llegaron a Dan-Jaan y a los alrededores de Sidón. Llegaron a la fortaleza de Tiro y a todas las ciudades de los heveos y los cananeos, y terminaron en el Neguev de Judá, en Bersabé. Cuando hubieron recorrido así todo el país, regresaron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días. Joab entregó al rey la lista del censo del pueblo: en Israel había ochocientos mil hombres de guerra que empuñaban la espada, y en Judá, quinientos mil hombres. A David se le aceleró el corazón después de haber contado al pueblo, y David dijo a Yahvé: «¡He cometido un gran pecado con lo que he hecho! Ahora, oh Yahvé, te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, pues he actuado como un necio».

Al día siguiente, cuando David se levantó, la palabra de Yahvé se dirigió a Gad, el profeta, el vidente de David, en estos términos: «Ve y dile a David: Así dice Yahvé: Te presento tres cosas; elige una de ellas, y yo te la haré. » Gad se presentó ante David y le comunicó la palabra de Yahvé, y le dijo: «¿Vendrá una hambruna de siete años a tu país, o huirás durante tres meses de tus enemigos que te perseguirán, o habrá una peste de tres días en tu país? Ahora, piensa y decide qué debo responder a quien me envía». » David respondió a Gad: «Estoy en una angustia terrible. ¡Ay! Caigamos en manos de Yahvé, pues sus misericordias son grandes; ¡pero que no caiga en manos de los hombres! » Y Yahvé envió una plaga a Israel desde la mañana de aquel día hasta el tiempo fijado; y murieron, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendía la mano sobre Jerusalén para destruirla. Y Yahvé se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que estaba matando al pueblo: «¡Basta ya! Retira ahora tu mano. » El ángel de Yahvé se encontraba junto a la era de Areuna, el jebuseo. Al ver al ángel que azotaba al pueblo, David dijo a Yahvé: «He aquí, yo soy el que ha pecado, yo soy el culpable; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? ¡Que tu mano caiga, pues, sobre mí y sobre la casa de mi padre!»

Aquel día, Gad se presentó ante David y le dijo: «Sube y erige un altar a Yahvé en la era de Areuna, el jebuseo». David subió, según la palabra de Gad, tal y como Yahvé le había ordenado. Areuna, al mirar, vio al rey y a sus siervos que se dirigían hacia él; Areuna salió y se postró ante el rey, con el rostro en tierra, diciendo: «¿Por qué viene mi señor el rey a ver a su siervo?». Y David respondió: «Para comprarte esta era y construir un altar a Yahvé, a fin de que la plaga se aleje del pueblo». Areuna dijo a David: «¡Que mi señor el rey tome la era y ofrezca en sacrificio lo que le parezca bien! Aquí están los bueyes para el holocausto, los carros y los yugos de los bueyes para la leña. Todo esto, oh rey, Areuna se lo da al rey». Y Areuna volvió a decir al rey: «¡Que Yahvé, tu Dios, te sea favorable! » Pero el rey respondió a Areuna: «¡No! Quiero comprártelo por dinero, y no ofreceré a Yahvé, mi Dios, holocaustos que no me cuesten nada. » Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25Y David construyó allí un altar a Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios de paz.

Así se apaciguó Yahvé con respecto al país, y la plaga se apartó de Israel.

Primer libro de las Crónicas 21, 1-17

1 Cr 21, 1-17: Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a hacer un censo de Israel. Y David dijo a Joab y a los jefes del pueblo: «Id, contad a Israel desde Bersabé hasta Dan, y informadme, para que sepa su número». » Joab respondió: «¡Que Yahvé añada a su pueblo cien veces más de lo que hay! Oh rey, mi señor, ¿no son todos siervos de mi señor? ¿Por qué, pues, pide esto mi señor? ¿Por qué traer el pecado sobre Israel?» Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab. Joab partió y recorrió todo Israel, y regresó a Jerusalén. Y Joab entregó a David el registro del censo del pueblo: había en todo Israel mil cien mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá cuatrocientos setenta mil hombres aptos para el servicio militar. No hizo el censo de Leví ni de Benjamín entre ellos, pues la orden del rey le resultaba repugnante a Joab.

Dios miró con desagrado este asunto y castigó a Israel. Y David dijo a Dios: «He cometido un gran pecado al hacer esto. Ahora, te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, pues he actuado como un necio». » Yahvé habló a Gad, el vidente de David, diciendo: «Ve y dile a David lo siguiente: Así dice Yahvé: Te presento tres cosas; elige una, y yo te la haré». Gad se acercó a David y le dijo: «Así dice Yahvé: Elige entre tres años de hambruna, tres meses en los que serás derrotado ante tus adversarios y alcanzado por la espada de tus enemigos, o tres días en los que la espada de Yahvé y la peste estarán en el país, y el ángel de Yahvé causará destrucción en todo el territorio de Israel. Ahora, mira qué debo responder al que me envía». David dijo a Gad: «Estoy sumido en una angustia terrible. ¡Ay de mí si caigo en manos de Yahvé, pues sus misericordias son muy grandes, y no caiga en manos de los hombres!».

Y Yahvé envió una peste a Israel, y murieron setenta mil hombres en Israel. Y Dios envió un ángel a Jerusalén para destruirla; y mientras la destruía, Yahvé lo vio y se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que la destruía: «¡Basta ya! Retira ahora tu mano». » El ángel de Yahvé se encontraba junto a la era de Ornán, el jebuseo. David, al levantar los ojos, vio al ángel de Yahvé de pie entre la tierra y el cielo, con la espada desnuda en la mano, apuntando hacia Jerusalén. Entonces David y los ancianos, cubiertos de cilicio, se postraron con el rostro en tierra. Y David dijo a Dios: «¿No fui yo quien ordenó hacer el censo del pueblo? Yo soy quien ha pecado y quien ha hecho el mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho ellas? Yahvé, Dios mío, que tu mano caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre, pero no sobre tu pueblo para su ruina».

Libro de Oseas 6, 6

Os 6, 6: Volvió a quedarse embarazada y dio a luz una niña. Y el Señor dijo a Oseas: «Ponle por nombre Lo-Ruhama (es decir, “No amada”), porque ya no amo a la casa de Israel y ya no quiero perdonarla».

Evangelio de Mateo 9, 13

Mt 9, 13: «Id a aprender lo que significa: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Evangelio de Mateo 12, 1-8

Mt 12, 1-8: En aquel tiempo, un día de sábado, Jesús pasaba por los campos de trigo; sus discípulos tenían hambre y empezaron a arrancar espigas y a comerlas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: «¡Mira, tus discípulos están haciendo lo que no está permitido hacer en sábado!». Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que le acompañaban? Entró en la casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda; ahora bien, ni él ni los demás tenían derecho a comerlos, sino solo los sacerdotes. ¿O es que tampoco habéis leído en la Ley que, en sábado, los sacerdotes, en el Templo, violan el reposo sabático sin cometer falta alguna? Pues os digo: aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubierais comprendido lo que significa: «Misericordia quiero, y no sacrificio», no habríais condenado a quienes no han cometido falta alguna. En efecto, el Hijo del hombre es señor del sábado».

Evangelio según San Marcos 2, 23-28

Mc 2, 23-28: Un día de sábado, Jesús caminaba por los campos de trigo; y sus discípulos, mientras caminaban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le decían: «¡Mira lo que hacen en sábado! Eso no está permitido». Y Jesús les dijo: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando se encontraba en apuros y tenía hambre, tanto él como los que le acompañaban? En tiempos del sumo sacerdote Abiatar, entró en la casa de Dios y comió los panes de la ofrenda, que nadie tiene derecho a comer, salvo los sacerdotes, y también dio a los que le acompañaban. » Y les decía además: «El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Por eso el Hijo del hombre es señor incluso del sábado».

Evangelio de Lucas 6, 1-5

Lc 6, 1-5: Un día de sábado, Jesús atravesaba los campos; sus discípulos arrancaban espigas y las comían, después de haberlas frotado entre las manos. Entonces algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?». Jesús les respondió: «¿No habéis leído lo que hizo David un día que tenía hambre, él y los que le acompañaban? Entró en la casa de Dios, tomó los panes de la ofrenda, comió y dio a los que le acompañaban, cuando solo los sacerdotes tienen derecho a comerlos». Y les decía además: «El Hijo del hombre es señor del sábado».