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Notas de la palabra clave

Leer y conocer el futuro

Tema: Vida cotidiana y temas sociales

Comodidad de lectura

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ECR 10.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

10.9 ­El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Una de las semejanzas está en la posibilidad, para el espíritu, de recordar, ver y prever. Esto explica la facultad de leer el futuro, facultad que viene, muchas veces y directamente, por voluntad divina, otras por el recuerdo, que se alza, como Sol en una mañana, iluminando un cierto punto del horizonte de los siglos precedentemente visto desde el seno de Dios.

Son misterios demasiado altos como para que podáis comprenderlos plenamente. Eso sí, reflexionad.

¿Esa Inteligencia suprema, ese Pensamiento que lo sabe todo, esa Vista que lo ve todo, que os crea con un movimiento de su voluntad y con el hálito de su amor infinito, haciéndoos hijos suyos por origen e hijos suyos por destino, podrá daros algo que sea distinto de Él? Os lo da en proporción infinitesimal, porque la criatura no podría contener al Creador, mas esa parte es, en su infinitesimalidad, perfecta y completa.

¡Cuán grande el tesoro de inteligencia que dio Dios al hombre, a Adán! La culpa lo ha menoscabado, mas mi Sacrificio lo reintegra y os abre los fulgores de la Inteligencia, sus ríos, su ciencia. ¡Oh, sublimidad de la mente humana unida por la Gracia a Dios, copartícipe de la capacidad de Dios de conocer!... De la mente humana unida por la Gracia a Dios.

No hay otro modo; que lo tengan presente los que anhelan conocer secretos ultrahumanos. Toda cognición que no venga de alma en gracia — y no está en gracia aquel que se manifiesta contrario a la Ley divina, cuyos preceptos son muy claros — sólo puede venir de Satanás, y difícilmente corresponde a verdad por lo que se refiere a cuestiones humanas, y nunca responde a verdad por lo que respecta a lo sobrehumano, porque el Demonio es padre de la mentira y a quien arrastra consigo le lleva por el sendero de la mentira. No existe ningún otro método para conocer la verdad, sino el que viene de Dios. Y Dios habla y dice o hace recordar, del mismo modo como un padre a un hijo le hace recordar la casa paterna y dice: “¿Te acuerdas cuando conmigo hacías esto, veías aquello, oías aquello otro? ¿Te acuerdas cuando yo te despedía con un beso? ¿Te acuerdas cuando me viste por primera vez, cuando viste el fulgurante sol de mi rostro en tu alma virgen, instantes antes creada y aún exenta — puesto que acababa de salir de mí — de la tabes que después te consumiera? ¿Te acuerdas de cuando comprendiste en un latido de amor lo que es el Amor y cuál es el misterio de nuestro Ser y Proceder?”. Y cuando la capacidad limitada del hombre en gracia no llega a comprender, entonces el Espíritu de ciencia habla y enseña.

Pero para poseer al Espíritu es necesaria la Gracia. Y para poseer la Verdad y la Ciencia es necesaria la Gracia. Y para tener consigo al Padre es necesaria la Gracia, Tienda en que las tres Personas hacen morada, Propiciatorio en que reside el Eterno y habla, no desde dentro de la nube, sino mostrando su Rostro al hijo fiel. Los santos tienen el recuerdo de Dios, de las palabras oídas en la Mente creadora y resucitadas por la Bondad en su corazón para elevarlos como águilas en la contemplación de la Verdad, en el conocimiento del Tiempo.

ECR 59.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Oh, no busquéis, no busquéis conocer el futuro con sed malsana, con medios que saben a brujería culpable! Dejad a los paganos el espíritu pitón. Dejad al Dios Eterno el secreto de su tiempo.

ECR 173.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por tanto, os digo: no os afanéis demasiado por temor a la escasez. Siempre tendréis lo necesario. No os apuréis demasiado por el futuro. Nadie sabe cuánto futuro tiene por delante. No os preocupéis de qué comeréis para mantener la vida, ni de qué vestiréis para mantener caliente vuestro cuerpo. La vida de vuestro espíritu es mucho más valiosa que el vientre y los miembros, vale mucho más que la comida y el vestido, así como la vida material es más que la comida y el cuerpo más que el vestido. El Padre lo sabe, sabedlo también vosotros. Mirad los pájaros del aire: no siembran ni cosechan, no recogen en los graneros, y, sin embargo, no mueren de hambre, porque el Padre celeste los nutre. Vosotros, hombres, criaturas predilectas del Padre, valéis mucho más que ellos.

¿Quién de vosotros, con todo su ingenio, podrá añadir a su estatura un solo codo? Si no lográis elevar vuestra estatura ni siquiera un palmo, ¿cómo pensáis que vais a poder cambiar vuestra condición futura, aumentando vuestras riquezas para garantizaros una larga y próspera vejez? ¿Podéis, acaso, decirle a la muerte: “Vendrás por mí cuando yo quiera”? No, no podéis. ¿Para qué, pues, preocuparos por el mañana?, ¿por qué ese gran dolor del temor a quedaros sin nada con que vestiros? Mirad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan, no hilan, ni van a los vendedores de vestidos a comprar. Y, sin embargo, os aseguro que ni Salomón con toda su gloria se vistió jamás como uno de ellos. Pues bien, si Dios viste así la hierba del campo, que hoy existe y mañana sirve para calentar el horno o como pasto de los rebaños — al final, ceniza o estiércol —, ¡cuánto más os proveerá a vosotros, hijos suyos, de lo necesario!

No seáis hombres de poca fe. No os angustiéis por un futuro incierto, diciendo: “¿Cuando sea viejo, qué comeré?, ¿qué beberé?, ¿con qué me vestiré?”. Dejad estas preocupaciones para los gentiles, que no tienen la sublime certeza de la paternidad divina. Vosotros la tenéis, y sabéis que el Padre conoce vuestras necesidades y que os ama. Confiad, pues, en Él. Buscad primero las cosas verdaderamente necesarias: fe, bondad, caridad, humildad, misericordia, pureza, justicia, mansedumbre, las tres y las cuatro virtudes principales, y todas las demás; de forma que seáis amigos de Dios y tengáis derecho a su Reino. Os aseguro que todo lo demás se os dará por añadidura sin necesidad siquiera de pedirlo. No hay mayor rico que el santo, ni hombre más seguro que él. Dios está con el santo y el santo está con Dios. Por su cuerpo no pide, y Dios le provee de lo necesario; trabaja, antes bien, para su espíritu, y Dios mismo se da a él ya aquí, y después de esta vida le dará el Paraíso.

No os acongojéis, pues, por lo que no merece vuestra aflicción. Doleos de ser imperfectos, no de tener pocos bienes terrenos. No os atormentéis por el mañana: el mañana tendrá su propia preocupación, y vosotros tendréis que preocuparos por el mañana cuando lo viváis. ¿Por qué pensar en el mañana hoy? ¿Es que, acaso, la vida no está ya suficientemente llena de recuerdos penosos del ayer y de pesadumbres del hoy como para sentir la necesidad de cargarla además con las angustias de los “¿qué sucederá?” mañana? Dejadle a cada día su afán. Habrá siempre más penas en la vida de las que querríamos tener. No añadáis penas presentes a penas futuras. Decid siempre la gran palabra de Dios: “Hoy”. Sois sus hijos, creados a su semejanza; decid, pues, con Él: “Hoy”.

Anotación

Mañana pensará en sí mismo. Este pensamiento, que se ha convertido en proverbial, se recoge en Mateo 6:34. Jesús lo menciona de nuevo en EMV 584.15.