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Notas del tema

Personajes de los libros de los Macabeos

Comodidad de lectura

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ECR 132.2

El Evangelio como me ha sido revelado

ECR 208.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Dime que no soy culpable de la muerte de Leví, dímelo! ¡Dime que no los he perdido para siempre! ¡Dime que pronto estaré con ellos!...».

«Sí, sí. Escúchame. Ellos exultan ahora que estás en mis brazos. Iré pronto a ellos. ¿Qué les voy a decir?, ¿que no aceptas con resignación la voluntad del Señor? ¿Tendré que decir esto? ¿Van a tener que quedar en mal lugar las mujeres de Israel, las mujeres de David, tan fuertes y prudentes? No. Sufres pero es porque has sufrido sola. Tu dolor y tú, tú y el dolor. Así no puede soportarse. ¿No recuerdas las palabras de esperanza a nuestros difuntos?: “Os sacaré de los sepulcros y os conduciré a la tierra de Israel, y sabréis que soy el Señor cuando abra vuestras tumbas y os saque de vuestros sepulcros. Cuando infunda en vosotros mi espíritu viviréis”[1]. La tierra de Israel, para los justos que se han dormido en el Señor, es el Reino de Dios: Yo lo abriré y se lo daré a los que esperan».

«¿También a mi Daniel? ¿También a mi Leví?... ¡Le daba verdadero horror la muerte!... No podía pensar siquiera en el hecho de estar lejos de su madre. Por eso yo quería morir para estar a su lado en el sepulcro...».

«No estaban en el sepulcro con su parte viva, sino con las cosas muertas que no podían oírte. Ellos están en el lugar de espera...».

«¿Pero existe ese lugar? ¡Oh, no te escandalices de mí, que mi memoria se ha disuelto en el llanto! Tengo la cabeza henchida del sonido del llanto y de los estertores de mis hijos. ¡Esos estertores! ¡Esos estertores!... Me han disuelto el cerebro. Sólo tengo esos estertores aquí dentro...».

«Pues Yo te meteré ahí las palabras de la vida. Sembraré la Vida — porque Yo soy Vida — donde ahora hay fragor de muerte. Ten presente al gran Judas Macabeo, que quiso que se ofreciera un sacrificio por los muertos, pensando acertadamente que están destinados a resucitar y que hay que adelantarles la paz con oportunos sacrificios. Si Judas Macabeo no hubiera estado seguro de la resurrección, ¿habría orado por los muertos?, ¿habría hecho que oraran por ellos? Él, como está escrito, pensó que, a los que mueren píamente, les está reservada una gran recompensa; y, sin duda, así murieron tus hijos. ¿Ves como asientes? Pues Yo te digo que no te desesperes. Antes al contrario, ruega por tus muertos, para que sus pecados sean cancelados antes de mi llegada. Si es así, sin mediar un instante de espera, irán conmigo al Cielo, porque Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y — digo la Verdad — a quien cree en mi Verdad y me sigue, le guío y le doy Vida.»

Detalle

Una madre desconsolada por la muerte de sus dos hijos pide a Jesús:

Anotación

¿No has tenido presentes las palabras de esperanza sobre aquellos que la muerte nos ha arrebatado? "Os sacaré de vuestros sepulcros y os haré volver a la tierra de Israel. Entonces sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestras tumbas y os levante de vuestros sepulcros. Pondré mi espíritu dentro de ustedes y vivirán. " Véase Ezequiel 37:11-14 más abajo.

Recordad al gran Judas Macabeo, que quiso hacer un sacrificio por los muertos, porque pensaba con razón que estaban destinados a resucitar y que había que acelerar para ellos la hora de la paz mediante sacrificios oportunos. Si Judas Macabeo no hubiera estado seguro de la resurrección, ¿habría rezado y hecho rezar por los muertos? Porel contrario, como está escrito, pensaba que se reservaba una gran recompensa a los que mueren piadosamente, como seguramente hicieron vuestros hijos.. . Véase más adelante el segundo libro de los Macabeos 12, 43-46.

Libro de Ezequiel 37, 11-14

Ezequiel 37, 11-14 : Y me dijo: "Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. He aquí que dicen: 'Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza está muerta, estamos perdidos. Por tanto, profetiza y diles: "Así dice el Señor Yahvé: 'He aquí que yo abro vuestros sepulcros y os resucitaré de vuestras tumbas, pueblo mío, y os haré volver a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os levante de vuestros sepulcros, pueblo mío. Pondré mi Espíritu dentro de vosotros, y viviréis; y os daré descanso en vuestra tierra, y sabréis que yo, Yahvé, digo y hago, ¡oráculo de Yahvé!".

Segundo libro de los Macabeos 12, 43-45

2 M 12, 43-46 : Luego, habiendo reunido la suma de dos mil dracmas, la envió a Jerusalén para que sirviera de sacrificio expiatorio. Bonita y noble acción, inspirada por el pensamiento de la resurrección. Porque si no hubiera creído que los soldados muertos en batalla resucitarían, habría sido inútil y vano rezar por los muertos. También consideró que se reserva una recompensa muy buena a los que se duermen en la piedad, y éste es un pensamiento santo y piadoso. Por eso hizo este sacrificio expiatorio por los muertos, para que fueran liberados de sus pecados.

ECR 213.1-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente se calma. Por fin se le puede escuchar a Jesús.

Dice al arquisinagogo: «Dame el décimo rollo de aquel estante». Se lo dan. Lo desata y se lo pasa al arquisinagogo diciendo: «Lee el 4º capítulo de la historia, IIº de los Macabeos».

El arquisinagogo, obediente, lee. Así, ante el pensamiento de los presentes desfilan las vicisitudes de Onías, los errores de Jasón, las traiciones y los robos de Menelao. Terminado el capítulo, el arquisinagogo mira a Jesús, que ha estado escuchando con atención.

213.2

Jesús hace un gesto para indicar que es suficiente y luego se dirige al pueblo:

«En la ciudad de mi queridísimo discípulo no voy a pronunciar las palabras habituales de adoctrinamiento. Nos quedaremos aquí unos días, pero quiero que sea él quien os las diga. Quiero que empiece aquí el contacto directo, el continuo contacto entre los apóstoles y el pueblo. Había sido decidido en la alta Galilea y allí tuvo su primera, fugaz manifestación radiante[1], pero la humildad de mis discípulos hizo que ellos mismos se retirasen a un segundo plano, porque tenían miedo a no saber actuar y a usurpar mi puesto. No, no; deben actuar, lo harán bien y ayudarán a su Maestro. Así que aquí, uniendo en un único amor las fronteras galileo-fenicias con las tierras de Judá, las más meridionales, las que lindan con las comarcas del sol y las arenas, comenzará la verdadera predicación apostólica. El Maestro solo ya no puede responder a las necesidades de las muchedumbres; además, conviene que los aguiluchos dejen el nido y emprendan sus primeros vuelos mientras está todavía con ellos el Sol, y Él con su ala fuerte los sostiene.

Por tanto, Yo, durante estos días, seré, sí, amigo y consuelo vuestro; pero, la palabra vendrá de ellos, que irán esparciendo la semilla que de mí han recibido. No os adoctrinaré, por tanto, públicamente; de todas formas, os voy a hacer entrega de algo especialmente valioso, una profecía. Recordadla en el futuro, cuando el suceso más horrendo de la Humanidad vele el Sol y, en las tinieblas, los corazones corran el riesgo de ser inducidos a juicio erróneo. No quiero que vosotros, que desde el principio fuisteis buenos conmigo, seáis inducidos a error; no quiero que el mundo pueda decir: “Keriot fue enemiga de Cristo”. Yo soy justo y no quiero que os carguen culpas respecto a mí ni los que me odian ni los que me aman, espoleados por su respectivos sentimientos. Y si no se puede pretender de una numerosa familia igual santidad en todos los hijos, tampoco de una ciudad muy poblada. De forma que sería grave anticaridad decir, por un hijo malo o por uno de los ciudadanos no bueno: “Toda la familia, o toda la ciudad, sea maldita”.

Escuchad, pues; recordad; sed fieles siempre; que, de la misma forma que Yo os amo tanto que quiero defenderos de una acusación injusta, así vosotros sepáis amar a los no culpables, siempre, quienesquiera que sean, cualesquiera fueren sus relaciones de parentesco con los culpables.

213.3

Escuchad. Llegará un día en que en Israel habrá delatores del tesoro y de la patria que, queriendo atraerse la amistad de los extranjeros, hablarán mal del verdadero Sumo Sacerdote, acusándole de alianza con los enemigos de Israel y de malas acciones hacia los hijos de Dios. Para conseguir esto, estarán dispuestos incluso a cometer delitos y a culpar de ellos al Inocente. Y llegará también el momento en que, en Israel — más aún que en los tiempos de Onías —, un hombre infame, tramando ser él el Pontífice, se presentará a los poderosos de Israel y los corromperá con un oro, más infame aún, de falaces palabras; desfigurará la verdad de los hechos, no hablará contra las inmoralidades, antes al contrario, persiguiendo sus indignos proyectos, se dedicará a corromper la moralidad para poder apoderarse más fácilmente de los corazones privos de la amistad con Dios: todo para conseguir lo que pretende. Lo logrará, sin duda. Tened en cuenta que, si bien los gimnasios del impío Jasón no están en el Monte Moria, sí que están en los corazones de quienes habitan en el monte, y éstos, por obtener una franquicia, están dispuestos a vender algo que vale mucho más que un terreno, o sea, la misma conciencia; los frutos del antiguo error se ven ahora: quien tiene ojos para ver percibe lo que está sucediendo allí, donde debería haber caridad, pureza, justicia, bondad, religión santa y profunda... Pues si ya son frutos que hacen temblar, los frutos de sus semillas serán, además, objeto de maldición divina.

Y así llegamos a la verdadera profecía. En verdad os digo que el que, mediante un juego largo y astuto, se ha apoderado del puesto y ha usurpado la confianza pondrá, por dinero, en manos de los enemigos al Sumo Sacerdote, al verdadero Sacerdote, al cual, trampeado con protestas de afecto, señalado a sus verdugos con un acto de amor, le matarán sin respeto a la justicia.

¿Qué acusaciones dirigirán contra Cristo — pues estoy hablando de mí — para justificar el derecho a matarle? ¿Cuál es la suerte reservada a los que cumplan este acto? Un destino inmediato de horrenda justicia. Un destino no individual sino colectivo para los cómplices del traidor, menos inmediato pero más terrible que el del hombre cuyo remordimiento conducirá a coronar su corazón de demonio con un último delito contra sí mismo. En efecto, éste acabará en un momento, mientras que este último castigo será largo, tremendo. Leed esto en la frase: “y encendido de cólera ordenó que Andrónico fuera despojado de la púrpura y ejecutado en el mismo lugar en que había cometido el delito contra Onías”. Sí, en la casta sacerdotal el castigo alcanzará no sólo a los responsables directos sino también a sus hijos. El destino de la masa cómplice, leedlo en ésta: “La voz de esta sangre grita a mí desde la tierra. Así pues, maldito serás...”. Dios la dirá para todo un pueblo que no sabrá tutelar el don del Cielo. Porque, si bien es cierto que Yo he venido para redimir, ¡ay de aquellos de este pueblo — que como primicia de redención recibe mi Palabra — que en vez de redimidos resulten asesinos!

He terminado. Tenedlo presente. Cuando oigáis decir que soy un malhechor, replicad: “No. Ya lo dijo. Se cumple lo establecido. Es la Víctima sacrificada por los pecados del mundo”»....

213.4

La sinagoga se vacía y todos hablan de la profecía y gesticulan por la estima de Jesús por Judas. Los de Keriot están exaltados por el honor que les ha hecho el Mesías al elegir el lugar de un apóstol, y precisamente el apóstol de Keriot, para comienzo del magisterio apostólico, y también por el regalo de la profecía. A pesar de su triste contenido, es un gran honor haberla recibido, y además con las palabras de amor que la han precedido...

En la sinagoga quedan solamente Jesús y el grupo de los apóstoles; mejor dicho, pasan al jardincito que está entre la sinagoga y la casa del arquisinagogo. Judas, que se ha sentado, llora.

«¿Por qué lloras? No veo el motivo...» dice el otro Judas.

«Bueno, la verdad es que casi me pondría yo también a llorar. ¿Habéis oído? Ahora tenemos que hablar nosotros...» dice Pedro.

«Bien, pero ya hemos empezado un poco en el monte. Lo haremos cada vez mejor. Tú y Juan en seguida os habéis mostrado capaces» dice Santiago de Zebedeo para dar ánimos.

«Lo peor es para mí... pero Dios me ayudará. ¿Verdad, Maestro?» pregunta Andrés.

Jesús, que estaba pasando unos rollos que se había traído, se vuelve y dice: «¿Qué decías?».

«Que Dios me ayudará cuando tenga que hablar. Trataré de repetir tus palabras lo mejor que pueda. Pero mi hermano tiene miedo, y Judas llora».

«¿Estás llorando? ¿Por qué?» pregunta Jesús.

«Porque verdaderamente he pecado. Andrés y Tomás lo pueden decir. Yo he murmurado contra ti y Tú usas conmigo benevolencia llamándome “queridísimo discípulo” y queriendo que adoctrine aquí... ¡Cuánto amor!...».

«¿No sabías que te quería?».

«Sí, pero... gracias, Maestro. No volveré a murmurar pues verdaderamente yo soy tinieblas y Tú Luz...».

En esto regresa el jefe de la sinagoga y le invita a ir a su casa. Mientras van, dice: «Estoy pensando en lo que has dicho. Si no he entendido mal, en Keriot, de la misma forma que has encontrado a un hombre predilecto, nuestro Judas de Simón, has profetizado que encontrarás también a un hombre infame. Me causa mucho dolor. Menos mal que Judas compensará por el otro...».

«Con todo mí mismo» dice Judas, que ya se ha tranquilizado.

Jesús no dice nada, pero mira a sus interlocutores y abre los brazos en un gesto que quiere decir: «Es así».

Anotación

El líder lee. Y así pasan ante el público las pruebas de Onías, los errores de Jasón, las traiciones y los robos de Menelao. El capítulo ha terminado. El lector mira a Jesús, que ha estado escuchando atentamente. Cf. el segundo libro de los Macabeos, 2 M 4.

Quiero que comience el contacto directo, el contacto continuo entre los apóstoles y el pueblo. Esto se decidió en la Alta Galilea y allí se vio la primera luz. Jesús los envía a predicar por primera vez en EMV 166,2-3. Dan su primer sermón en EMV 166.4-12 (especialmente Simón el Zelote y Juan). Fue cerca de la casa de Elisa, en Judea, donde Jesús declaró que ya no era suficiente para satisfacer las necesidades de la multitud(EMV 209,5).

En cuanto al destino de la masa de cómplices, podemos leerlo en estas palabras: "La voz de esta sangre me grita desde la tierra. Seréis, pues, malditos...". Y es Dios quien pronunciará estas palabras a todo un pueblo que no ha sabido proteger el don del Cielo. Porque si es verdad que he venido a redimir, ¡ay de los que serán asesinos y no serán redimidos, en este pueblo cuya primera redención fue mi Palabra! Cf. Gn 4,10-11 infra.

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Segundo libro de los Macabeos, 4

2 M 4 : Simón, el delator del tesoro y de su país, habló mal de Onías: era él, dijo, quien había azuzado a Heliodoro y quien era el autor de todo el mal. Al benefactor de la ciudad, defensor de sus conciudadanos y fiel observador de las leyes, se atrevía a hacerlo pasar por adversario del Estado. Este odio llegó tan lejos que uno de los partidarios de Simón cometió un asesinato. Entonces Onías, considerando el peligro de estas divisiones y los arrebatos de Apolonio, gobernador militar de Coele-Siria y Fenicia, que alentaba la maldad de Simón, fue a ver al rey, no para acusar a sus conciudadanos, sino con vistas a los intereses generales y particulares de todo su pueblo. Porque veía que sin la intervención del rey sería imposible apaciguar la situación, y que Simón no renunciaría a sus empresas criminales.

Pero tras la muerte de Seleuco, le sucedió Antíoco, apodado Epífanes, y Jasón, hermano de Onías, se propuso usurpar el pontificado. En una reunión con el rey, le prometió trescientos sesenta talentos de plata y ochenta talentos tomados de otros ingresos. También prometió comprometerse por escrito con otros ciento cincuenta talentos si se le permitía establecer, bajo su propia autoridad y según sus propios deseos, un gimnasio con un efebo y registrar a los habitantes de Jerusalén como ciudadanos de Antioquía. El rey accedió a todo. En cuanto Jasón obtuvo el poder, se dedicó a introducir las costumbres griegas entre sus conciudadanos. Abolió las franquicias que los reyes, por humanidad, habían concedido a los judíos gracias a la empresa de Juan, padre de Eupolemo, que había sido enviado en embajada para concluir un tratado de alianza y amistad con los romanos, y, destruyendo las instituciones legítimas, estableció costumbres contrarias a la ley. Se complacía en fundar un gimnasio al pie mismo de la Acrópolis y educaba a los niños más nobles poniéndolos bajo su sombrero. El helenismo creció entonces hasta tal punto, y había tal inclinación hacia las costumbres extranjeras, como resultado de la excesiva perversidad de Jasón, un hombre impío y de ninguna manera un sumo sacerdote, que los sacerdotes ya no mostraban ningún celo por el servicio del altar y, despreciando el templo y descuidando los sacrificios, se apresuraban a participar, en la palestra, en los ejercicios proscritos por la ley, tan pronto como se oía la llamada para lanzar el disco. Sin prestar atención a los honores de su país, tenían en gran estima las distinciones de los griegos. Como consecuencia, les sobrevinieron graves calamidades, y en el mismo pueblo cuyo modo de vida imitaban y al que querían parecerse en todo, encontraron enemigos y opresores. Porque no se violan impunemente las leyes divinas; pero esto es lo que demostrarán los acontecimientos posteriores.

Mientras se celebraban en Tiro los juegos quinquenales, a los que asistía el rey, el criminal Jasón envió espectadores desde Jerusalén, que eran ciudadanos de Antioquía, portando trescientas dracmas de plata para el sacrificio de Hércules; pero los que las llevaban pidieron que el dinero se empleara, no para sacrificios, que no convenía, sino para cubrir otros gastos. Así pues, los trescientos dracmas estaban destinados, en efecto, por quien los enviaba, al sacrificio en honor de Hércules; pero fueron utilizados, según el deseo de quienes los llevaban, para la construcción de trirremes.

Habiendo sido enviado Apolonio, hijo de Menesteo, a Egipto con motivo de la entronización del rey Ptolomeo Filometor, supo Antíoco que el rey le tenía mala disposición y, deseando ponerse a salvo de él, se dirigió a Jope y luego a Jerusalén. Recibido magníficamente por Jasón y por toda la ciudad, hizo su entrada a la luz de las antorchas y en medio de aclamaciones; después condujo a su ejército a Fenicia por el mismo camino.

Transcurridos tres años, Jasón envió a Menelao, el hermano de Simón antes mencionado, para que llevara el dinero al rey y pagara los derechos de registro de los asuntos importantes. Sin embargo, Menelao se recomendó a sí mismo al rey, lo honró con la apariencia de un hombre de alta posición e hizo que se le concediera el pontificado soberano, ofreciendo trescientos talentos de plata más de lo que había hecho Jasón. Recibidas las cartas de investidura del rey, regresó a Jerusalén sin nada digno del sacerdocio, salvo los instintos de un tirano cruel y la furia de una fiera salvaje. Así Jasón, que había engañado a su propio hermano, engañado a su vez por otro, tuvo que huir al país de los amonitas. En cuanto a Menelao, obtuvo el poder; pero, como no cumplía con la suma prometida al rey, a pesar de las quejas de Sóstrato, comandante de la Acrópolis, encargado de recaudar los impuestos, ambos fueron convocados ante el rey.

Menelao dejó a su hermano Lisímaco en su lugar como sumo sacerdote, y Sóstrato a Crates, gobernador de Chipre, como su sustituto. Mientras tanto, los habitantes de Tarso y Mallas se rebelaron, porque estas dos ciudades habían sido regaladas a Antíococida, la concubina del rey. El rey se apresuró a sofocar la sedición, dejando como lugarteniente a Andrónico, uno de los grandes dignatarios. Menelao, juzgando favorables las circunstancias, tomó algunos vasos de oro del templo y se los entregó a Andrónico, y consiguió vender otros a Tiro y a las ciudades vecinas.

Cuando Onías supo con certeza que Menelao había cometido este nuevo delito, se lo reprochó, tras retirarse a un lugar de refugio en Dafne, cerca de Antioquía. Menelao, por lo tanto, llevó aparte a Andrónico y le instó a dar muerte a Onías. Andrónico se acercó a Onías y, con engaños, le hizo un juramento sobre su mano derecha; luego, aunque desconfiado, le persuadió para que saliera de su refugio y le dio muerte de inmediato, sin ningún miramiento por la justicia. Así que no sólo los judíos, sino también muchas de las demás naciones se indignaron y entristecieron por el injusto asesinato de este hombre.

Cuando el rey regresó de Cilicia, los judíos de Antioquía, junto con los griegos que también eran enemigos de la violencia, acudieron a él para informarle del injusto asesinato de Onías. Antíoco se entristeció profundamente y, movido a compasión por Onías, derramó lágrimas al recordar la moderación y sabia conducta del difunto. Rojo de ira, inmediatamente hizo despojar a Andrónico de su púrpura, rasgó sus vestiduras y, habiéndole hecho conducir por toda la ciudad, degradó al canalla en el mismo lugar donde había llevado a cabo su impío ataque contra Onías, golpeándole así el Señor con un justo castigo.

Ahora bien, cuando Lisímaco, de acuerdo con Menelao, había cometido en la ciudad un gran número de robos sacrílegos, y se había corrido la voz de ellos, el pueblo se levantó contra Lisímaco, a pesar de que muchos vasos de oro ya habían sido esparcidos. Cuando Lisímaco vio que la multitud se había agitado y sus ánimos se habían inflamado, armó a unos tres mil hombres y comenzó a cometer actos de violencia bajo el mando de un tal Tirano, hombre de edad avanzada y no menos perverso. Pero cuando se enteraron del ataque de Lisímaco, algunos cogieron piedras, otros grandes palos, y algunos recogieron cenizas que había por los alrededores, y las arrojaron tumultuosamente contra los partidarios de Lisímaco. Así hirieron a muchos de sus hombres, mataron a varios de ellos, pusieron en fuga a todos los demás y masacraron al propio sacrílego cerca del tesoro del templo.

Se inició entonces una investigación contra Menelao basada en estos hechos. Cuando el rey llegó a Tiro, los tres hombres enviados por los ancianos le explicaron la justicia de su caso. Viéndose convencido, Menelao prometió a Ptolomeo, hijo de Dorymene, una gran suma de dinero para que el rey le favoreciera. Ptolomeo llevó entonces al rey bajo el peristilo, como para que se tranquilizara, y le hizo cambiar de opinión. El rey declaró a Menelao inocente de los cargos que se le imputaban, aunque era culpable de todos los delitos, y condenó a muerte a hombres desgraciados que, si hubieran alegado su caso incluso ante los escitas, habrían sido declarados inocentes; y hombres que habían defendido la ciudad, el pueblo y los objetos sagrados, sufrieron este injusto castigo sin demora. Los propios tirios se indignaron y ofrecieron a las víctimas un magnífico funeral. En cuanto a Menelao, gracias a la codicia de los poderosos, mantuvo su dignidad, creciendo en malicia y azote cruel de sus conciudadanos.

Libro del Génesis 4, 10-11

Gn 4, 10-11 : Yahvé dijo: "¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama desde la tierra hasta mí. Ahora te maldice la tierra, que ha abierto su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano."

ECR 215.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Ya han llegado a la cima del monte. Allá se abre un amplio panorama. Es hermoso verlo estando a la sombra de los tupidos árboles que coronan la cima: tan variado y luminoso; series de montes entrecruzándose en todas las direcciones, como encrespadas olas petrificadas de un océano recorrido por vientos contrarios; luego, ensenada en calma, todo se aplaca en una luminosidad sin límites que anuncia una vasta llanura en que se ve, solitario cual faro en la embocadura de un puerto, un otero.

«Mirad. Ese pueblo, donde nos detendremos, que se extiende sobre esa cresta casi queriendo acaparar todo el sol, es como el corazón de un verdadero nimbo radiado de lugares históricos. Venid aquí. Allí, a septentrión, está Yermot. ¿Os acordáis del pasaje de Josué? La derrota de los reyes que quisieron asaltar el campamento israelita, fuerte tras la alianza con los gabaonitas. Cerca está Betsemes, la ciudad sacerdotal de Judá, donde los filisteos restituyeron el Arca con los exvotos de oro que los adivinos y sacerdotes habían impuesto al pueblo para obtener la liberación de los castigos que atormentaban a los culpables filisteos. Y allí, toda llena de sol, Sará, patria de Sansón; y, un poco más a oriente, Timnata, donde él tomó esposa e hizo muchas proezas y también muchas estupideces. Y allá, Azeca y Soko, que fue lugar de campamento filisteo. Más abajo está Zanoe, una de las ciudades de Judá. Y aquí, volveos, aquí está el Valle del Terebinto, donde David luchó contra Goliat. Allí está Maquedá, donde Josué derrotó a los amorreos. Volveos hacia aquí. ¿Veis aquel monte solitario en medio de esa llanura que un tiempo fue de los filisteos? Allí está Gat, patria de Goliat y lugar de refugio para David, con Akís, para que no le alcanzara la ira de Saúl, y donde el rey sabio se fingió demente, porque el mundo preserva a los locos de los sanos de mente. Aquel horizonte abierto son las llanuras de la fertilísima tierra de los filisteos. La atravesaremos, hasta Ramlé. Ahora vamos a Bet-Yinna. Tú, precisamente tú, Felipe, que me estás mirando con actitud implorante, irás con Andrés por el pueblo. Nosotros, mientras tanto, esperaremos junto a la fuente o en la plaza del pueblo».

«¡Señor, no nos mandes solos; ven Tú también!» dicen los dos apóstoles en tono suplicante.

«Id, he dicho. La obediencia os socorrerá más que mi muda presencia».

Detalle

Cerca de Bet-Ginna. En cuanto a la defensa de la obra, véase la anotación con los comentarios de Jean-François Lavère.

Anotación

Acérquense: allí (al norte) se encuentra Gerimot. ¿Se acuerdan de Josué? Es el lugar donde sufrieron la derrota los reyes que quisieron asaltar el campamento de Israel, reforzado por su alianza con los gabaonitas. Gerimot, Jarmout, Yarmouth: La descripción que se ofrece concuerda perfectamente con los recientes hallazgos arqueológicos, que han permitido encontrar vestigios de fortificaciones en Khirbit el Yarmuk, a 27 km al oeste-suroeste de Jerusalén y a menos de dos kilómetros de Bet-Semes. Sin embargo, en la época de María Valtorta, la ubicación supuesta se situaba más al este —Jean-François Lavère,Diccionario geográfico del Evangelio según María Valtorta yEl enigma de Valtorta, tomo 1, página101.     

Es el lugar de la derrota de los reyes que quisieron asaltar el campamento de Israel, reforzado por su alianza con los gabaonitas ( Josué 10,1-14): Adonisec, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué se había apoderado de Hai y la había consagrado al anatema, que había tratado a Hai y a su rey como había tratado a Jericó y a su rey, y que los habitantes de Gabaón, tras haber hecho las paces con Israel, se encontraban entre ellos. Entonces le invadió un gran temor, pues Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, incluso más grande que Ai, y todos sus hombres eran valientes. Adonisec, rey de Jerusalén, envió a decir a Oham, rey de Hebrón; a Faram, rey de Jerimot; a Jafia, rey de Laquis; y a Dabir, rey de Eglón: «Subid a mi encuentro y venid en mi ayuda, para que ataquemos a Gabaón, pues ha hecho las paces con Josué y con los hijos de Israel». » Así pues, los cinco reyes de los amorreos —el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis y el rey de Eglón— se reunieron y subieron con todos sus ejércitos; acamparon cerca de Gabaón y la sitiaron. Los habitantes de Gabaón enviaron a decir a Josué, al campamento de Galgala: «No retires tu mano de tus siervos; date prisa en subir a nuestro encuentro, líbranos, socórrenos; pues todos los reyes de los amorreos que habitan en la montaña se han aliado contra nosotros». » Josué partió de Galgala, él y todos los hombres de guerra que le acompañaban, y todos los valientes guerreros. Yahvé dijo a Josué: «No les temas, pues los he entregado en tus manos, y ninguno de ellos te resistirá». Josué se abalanzó sobre ellos de improviso; había subido desde Galgala durante toda la noche. Y Yahvé sembró el pánico entre ellos ante Israel; Israel les infligió una gran derrota cerca de Gabaón, los persiguió por el camino que sube a Bet-horón y los derrotó hasta Azeca y Maceda. Mientras huían ante Israel, en la bajada de Bet-horón, Yahvé hizo caer del cielo sobre ellos grandes piedras hasta Azeca, y murieron; los que murieron por las piedras de granizo fueron más numerosos que los que fueron muertos por la espada de los hijos de Israel. Entonces Josué habló a Yahvé, el día en que Yahvé entregó a los amorreos en manos de los hijos de Israel, y dijo ante los ojos de Israel: «¡Sol, detente sobre Gabaón, y tú, luna, sobre el valle de Ajalón!». Y el sol se detuvo, y la luna se quedó inmóvil, hasta que la nación se vengó de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro del Justo? Y el sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse, casi un día entero. No hubo, ni antes ni después, un día como aquel, en el que Yahvé obedeció la voz de un hombre; pues Yahvé combatía por Israel.  

Y, muy cerca de allí, Bet-Semes, la ciudad sacerdotal de Judá, donde los filisteos devolvieron el Arca junto con la ofrenda de oro que los adivinos y los sacerdotes habían impuesto al pueblo para que fueran liberados de las plagas que atormentaban a los filisteos culpables. 1 Samuel 6,1-15: El arca de Yahvé permaneció siete meses en el país de los filisteos. Y los filisteos convocaron a los sacerdotes y a los adivinos y les dijeron: «¿Qué haremos con el arca de Yahvé? Decidnos cómo debemos devolverla a su lugar». » Ellos respondieron: «Si devolvéis el arca del Dios de Israel, no la devolváis vacía, sino que no dejéis de ofrecerle una ofrenda de expiación; entonces os sanaréis y sabréis por qué su mano no se ha apartado de vosotros». Los filisteos preguntaron: «¿Qué ofrenda de expiación le haremos?». Ellos respondieron: «Cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, según el número de los príncipes de los filisteos, pues la misma plaga ha caído sobre vosotros y sobre vuestros príncipes. Haced, pues, figuras de vuestros tumores y figuras de los ratones que asolan el país, y dad así gloria al Dios de Israel: tal vez deje de hacer pesar su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestro país. ¿Por qué endureceríais vuestro corazón, como lo endurecieron Egipto y el faraón? ¿Acaso no dejó partir a los hijos de Israel cuando les infligió sus castigos? Ahora, pues, preparad un carro nuevo y tomad dos vacas que estén amamantando y que no hayan llevado yugo; enganchad las vacas al carro y llevad a sus crías lejos de ellas, al establo. Tomaréis el arca de Yahvé y la pondréis sobre el carro; luego, tras colocar junto a ella, en un cofre, los objetos de oro que hayáis entregado como ofrenda de expiación, la dejaréis marchar y ella se irá. Seguidla con la mirada: si sube por el camino de su frontera, hacia Bet-Samés, es Yahvé quien nos ha causado este gran mal; de lo contrario, sabremos que no ha sido su mano la que nos ha golpeado, y que esto nos ha sucedido por casualidad».

Aquella gente hizo así; tomaron dos vacas que estaban amamantando, las engancharon al carro y encerraron a sus crías en el establo. Pusieron en el carro el arca de Yahvé y el cofre con los ratones de oro y las figuras de sus tumores. Las vacas se dirigieron directamente hacia Bet-Samés; siguieron siempre el mismo camino, caminando y mugiendo, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Los príncipes de los filisteos las siguieron hasta la frontera de Bet-Samés. La gente de Bet-Samés estaba segando el trigo en el valle. Al levantar la vista, vieron el arca y se alegraron al verla. El carro llegó al campo de Josué, el betsamita, y se detuvo allí. Había allí una gran piedra. Partieron la madera del carro y ofrecieron las vacas en holocausto a Yahvé. Los levitas, tras bajar el arca de Yahvé y el cofre que estaba junto a ella, que contenía los objetos de oro, lo colocaron todo sobre la gran piedra. Los habitantes de Bet-Samés ofrecieron aquel día holocaustos y sacrificios a Yahvé.

Y allí, a plena luz del sol, se encuentra Çoréa, la patria de Sansón. Seráa , Sar’a, Tsor’ah, Tsorea, Çoréa, Soréa. VéaseJueces 13,2: Había un hombre de Saraa, de la tribu de Dan, llamado Manué; su mujer era estéril y no había dado a luz.

Y, un poco más al este, Timna, donde se casó y donde realizó tantas hazañas, pero también tantas tonterías.  Timnata, Timnatha, Timna. Según María Valtorta, Timnatah se situaría, por tanto, un poco al este de Saara, lo cual es totalmente compatible con el contexto bíblico de Jueces 13,1-6 | Jueces 14,1-5 | Josué 15,10-57 | Josué 19,43 | 2 Crónicas 28,18. Lo cual llevaría a situarla a unos veinte kilómetros al oeste de Belén. (Jean-François Lavère,Diccionario geográfico del Evangelio según María Valtorta).        

Donde se casó y donde realizó tantas hazañas, pero también tantas tonterías Jueces 14,1-20: Sansón bajó a Tamna y allí vio a una mujer de entre las hijas de los filisteos. Cuando regresó, se lo contó a su padre y a su madre, diciendo: «He visto en Tamna a una mujer de entre las hijas de los filisteos; tomadla ahora para que sea mi esposa». Su padre y su madre le dijeron: «¿Acaso no hay mujer entre las hijas de tus hermanos y en todo nuestro pueblo, para que vayas a tomar una mujer de entre los filisteos, que son incircuncisos?». Y Sansón dijo a su padre: «Tómala para mí, porque me agrada». » Su padre y su madre no sabían que aquello venía de Yahvé; pues él buscaba un motivo de disputa con los filisteos. — En aquellos tiempos, los filisteos dominaban a Israel. Sansón bajó con su padre y su madre a Tamna. Cuando llegaron a los viñedos de Tamna, he aquí que un león joven que rugía salió a su encuentro. El Espíritu de Yahvé se apoderó de Sansón; y, sin tener nada en la mano, Sansón desgarró al león como se desgarra a un cabrito. Y no contó a su padre ni a su madre lo que había hecho.

Bajó y habló con la mujer, y ella le gustó. Poco después, al volver a Tamna para llevársela, se desvió para ver el cadáver del león, y he aquí que había un enjambre de abejas y miel en el cuerpo del león. Tomó un poco con las manos y la comió mientras caminaba; y cuando llegó junto a su padre y a su madre, les dio un poco y ellos la comieron; pero no les dijo que había tomado la miel del cuerpo del león. El padre de Sansón bajó a casa de la mujer; y allí Sansón ofreció un banquete, pues era costumbre entre los jóvenes. En cuanto lo vieron, invitaron a treinta compañeros para que estuvieran con él.

Sansón les dijo: «Os voy a proponer un acertijo. Si me lo explicáis durante los siete días del banquete y lo adivináis, os daré treinta túnicas y treinta prendas de recambio; pero si no podéis explicármelo, seréis vosotros quienes me daréis treinta túnicas y treinta prendas de recambio. » Le dijeron: «Plantea tu acertijo, para que lo oigamos». Él les dijo: «De quien come ha salido lo que se come; del fuerte ha salido lo dulce». Durante tres días no pudieron resolver el acertijo. Al séptimo día, le dijeron a la mujer de Sansón: «Convence a tu marido para que nos explique el acertijo; si no, te quemaremos a ti y a la casa de tu padre. ¿Acaso nos habéis invitado para despojarnos? » La mujer de Sansón lloraba junto a él y le decía: «Solo sientes odio por mí, y no me quieres. ¡Has planteado un acertijo a los hijos de mi pueblo y no me lo has explicado!». Él le respondió: «No se lo he explicado ni a mi padre ni a mi madre, ¡y te lo voy a explicar a ti!». Ella lloró así ante él durante los siete días que duró el banquete; el séptimo día, como ella lo atormentaba, él le explicó el acertijo, y ella se lo explicó a los hijos de su pueblo. La gente de la ciudad le dijo a Sansón, el séptimo día, antes de la puesta del sol: «¿Qué hay más dulce que la miel, y qué hay más fuerte que el león?». Y él les dijo: «Si no hubierais arado con mi novilla, no habríais adivinado mi acertijo».

El Espíritu de Yahvé se apoderó de él, y bajó a Ascalón. Allí mató a treinta hombres y, tras tomar sus despojos, entregó la ropa de recambio a quienes habían resuelto el acertijo. Luego, encendido por la ira, subió a la casa de su padre. La mujer de Sansón fue entregada a uno de sus compañeros, a quien él había elegido como amigo.

Y allí, en Azeca y Soco, que entonces era un campamento filisteo. 1 Samuel 17,1: Los filisteos, tras reunir sus ejércitos para la guerra, se congregaron en Sojo, que pertenece a Judá; acamparon entre Sojo y Azeqa, en Efes-Dommim.

Más abajo aún, aquí está Zanuah, una de las ciudades de Judea. Szanoé, Zanuah, Zanoah, Zano’akh. Mencionada enJosué 15,56: «Jezreel, Jucadam, Zanoé».  

Y aquí —giren la vista— está el valle de la Terebinto, donde David venció a Goliat. Véase 1 Samuel 17,2-54: Saúl y los hombres de Israel también se reunieron y acamparon en el valle de la Terebinto; se dispusieron en orden de batalla frente a los filisteos. Los filisteos estaban apostados en la montaña de un lado, e Israel en la montaña del otro lado: el valle se extendía entre ellos. Entonces salió de los campamentos de los filisteos un campeón; se llamaba Goliat, era de Gat, y medía seis codos y una palma. Llevaba un yelmo de bronce en la cabeza y una coraza de escamas; y el peso de la coraza era de cinco mil siclos de bronce. Llevaba en los pies calzado de bronce y una jabalina de bronce entre los hombros. El mango de su lanza era como el huso de un tejedor, y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro; el que le llevaba el escudo caminaba delante de él. Goliat se detuvo y, dirigiéndose a los batallones de Israel, les gritó: «¿Por qué habéis salido a formar en orden de batalla? ¿Acaso no soy yo el filisteo, y vosotros los esclavos de Saúl? Escoged a un hombre que baje a enfrentarse a mí. Si él me vence en combate y me mata, nos someteremos a vosotros; pero si yo le venzco y le mato, vosotros os someteréis a nosotros y nos serviréis».

El filisteo añadió: «Hoy lanzo este desafío al ejército de Israel: Dadme un hombre y lucharemos entre nosotros. » Al oír estas palabras del filisteo, Saúl y todo Israel se asustaron y les invadió un gran temor. Ahora bien, David era hijo de aquel efrateo de Belén de Judá llamado Isaí, que tenía ocho hijos; este hombre, en tiempos de Saúl, era ya anciano, de edad avanzada. Los tres hijos mayores de Isaí habían ido a seguir a Saúl a la guerra; y los nombres de esos tres hijos que habían ido a la guerra eran Eliab, el mayor; Abinadab, el segundo; y Samma, el tercero. David era el más joven. Los tres mayores seguían a Saúl, y David iba y venía de junto a Saúl para pastorear las ovejas de su padre en Belén. El filisteo se acercaba por la mañana y por la tarde, y se presentó durante cuarenta días. Isaí le dijo a David, su hijo: «Lleva a tus hermanos este efa de grano tostado y estos diez panes, y corre al campamento hacia tus hermanos. Y estos diez quesos, llévaselos al jefe de su mil. Visita a tus hermanos para ver si se encuentran bien, y lleva de ellos un presente. Saúl, ellos y todos los hombres de Israel están en el valle de Terrebinto, haciendo la guerra a los filisteos».

David se levantó de madrugada y, tras dejar las ovejas a un pastor, tomó las provisiones y partió, tal y como Isaí le había ordenado. Cuando llegó al campamento, el ejército salía del campamento para formarse en orden de batalla y se oían gritos de guerra. Los israelitas y los filisteos se alinearon, tropa contra tropa. David dejó sus pertenencias en manos del encargado del equipaje y corrió hacia la tropa. Nada más llegar, preguntó a sus hermanos cómo se encontraban. Mientras hablaba con ellos, he aquí que el campeón —se llamaba Goliat, el filisteo de Gat— salió de entre las filas de los filisteos, profiriendo las mismas palabras, y David lo oyó. Al ver a aquel hombre, todos los israelitas se apartaron ante él, presa de un gran temor. Un israelita dijo: «¿Veis a ese hombre que se acerca? Se acerca para desafiar a Israel. El que lo mate, el rey lo colmará de grandes riquezas, le dará a su hija y liberará de toda carga a la casa de su padre en Israel». » David dijo a los hombres que estaban a su lado: «¿Qué se le hará al que mate a este filisteo y quite la afrenta de sobre Israel? ¿Quién es, pues, este filisteo, este incircunciso, para insultar a las tropas del Dios vivo? » El pueblo le repitió las mismas palabras, diciendo: «Esto es lo que se le hará al que lo mate». Eliab, su hermano mayor, le oyó hablar a los hombres, y se encendió la ira de Eliab contra David, y dijo: «¿Por qué has bajado, y a quién le has dejado ese pequeño rebaño en el desierto? Conozco tu orgullo y la malicia de tu corazón; has bajado para ver la batalla».

David respondió: «¿Qué he hecho ahora? ¿No es más que una simple palabra? » Y, apartándose de él para dirigirse a otro, repitió las mismas palabras; y el pueblo le respondió como la primera vez. Cuando se oyeron las palabras pronunciadas por David, se las comunicaron a Saúl, quien mandó que lo trajeran. David dijo a Saúl: «Que nadie se desanime. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo». Saúl dijo a David: «No puedes ir contra ese filisteo para luchar con él, pues tú eres un niño, y él es un guerrero desde su juventud». » David dijo a Saúl: «Cuando tu siervo apacentaba las ovejas de su padre, y venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño, yo lo perseguía, lo golpeaba y arrancaba la oveja de sus fauces; si se me enfrentaba, lo agarraba por la mandíbula, lo golpeaba y lo mataba. Tu siervo ha matado tanto al león como al oso, y lo mismo le sucederá al filisteo, a ese incircunciso, como a cualquiera de ellos, pues ha insultado a las tropas del Dios vivo. » David añadió: «Yahvé, que me ha librado del león y del oso, también me librará de la mano de este filisteo». Y Saúl dijo a David: «Ve, y que Yahvé esté contigo».

Saúl hizo que vistieran a David con sus ropas, le puso un casco de bronce en la cabeza y le hizo llevar una coraza; luego David se ciñó la espada de Saúl por encima de su armadura, e intentó caminar, pues nunca antes había probado una armadura. David dijo a Saúl: «No puedo caminar con estas armas, no estoy acostumbrado a ellas». Y, tras deshacerse de ellas, David tomó su bastón, escogió del arroyo cinco guijarros pulidos y los guardó en su bolsa de pastor, en su aljaba. Luego, con la honda en la mano, se adelantó hacia el filisteo. El filisteo se acercó poco a poco a David, precedido por el hombre que llevaba el escudo. El filisteo miró, vio a David y lo despreció, pues era muy joven, rubio y de rostro hermoso. El filisteo le dijo a David: «¿Acaso soy un perro, para que vengas a mí con un palo?». Y el filisteo maldijo a David en nombre de sus dioses. Y el filisteo le dijo a David: «Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo». » David respondió al filisteo: «Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina; y yo vengo a ti en nombre de Yahvé de los ejércitos, el Dios de las huestes de Israel, a quien tú has insultado. Hoy Yahvé te entregará en mis manos; te heriré y te cortaré la cabeza; hoy entregaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que Israel tiene un Dios; y toda esta multitud sabrá que no es ni con la espada ni con la lanza como Yahvé salva, pues a Yahvé le pertenece la guerra, y él os ha entregado en nuestras manos».

El filisteo, levantándose, se puso en marcha y avanzó al encuentro de David, y David se apresuró a correr hacia el frente de la tropa, para salir al encuentro del filisteo. David metió la mano en su aljaba, sacó una piedra y la lanzó con su honda; alcanzó al filisteo en la frente, y la piedra se le clavó en ella, y cayó boca abajo sobre la tierra. Así, David, con una honda y una piedra, fue más fuerte que el filisteo; lo mató. Y David no llevaba espada en la mano. David corrió, se detuvo junto al filisteo y, tras empuñar su espada y sacarla de la vaina, lo mató y le cortó la cabeza con ella. Al ver a su héroe muerto, los filisteos huyeron. Y los hombres de Israel y de Judá se levantaron, gritando, y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Acarón. Los cadáveres de los filisteos cubrían el camino de Saraim hasta Gath y hasta Askarón. Al regresar de la persecución de los filisteos, los hijos de Israel saquearon su campamento. David tomó la cabeza del filisteo y la hizo llevar a Jerusalén, y puso en su tienda las armas del filisteo.

Allí se encuentra Maqeda, donde Josué derrotó a los amorreos. Maqeda, Makkedah, Maqqeda. VéaseJosué 10,10-41|Josué 15,41.  Josué 10, 10-41: Y Yahvé sembró el pánico entre ellos ante Israel; Israel les infligió una gran derrota cerca de Gabaón, los persiguió por el camino que sube a Bet-horón y los derrotó hasta Azeca y Maceda. Mientras huían ante Israel, en la bajada de Bet-orón, Yahvé hizo caer del cielo sobre ellos grandes piedras hasta Azeca, y murieron; los que murieron por las piedras del granizo fueron más numerosos que los que fueron muertos por la espada de los hijos de Israel. Entonces Josué habló a Yahvé, el día en que Yahvé entregó a los amorreos en manos de los hijos de Israel, y dijo ante los ojos de Israel: «¡Sol, detente sobre Gabaón, y tú, luna, sobre el valle de Ajalón!». Y el sol se detuvo, y la luna se quedó inmóvil, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro del Justo? Y el sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse, casi un día entero. No hubo, ni antes ni después, un día como aquel, en el que Yahvé obedeció la voz de un hombre; pues Yahvé combatía por Israel.   

Josué, y todo Israel con él, pasó de Lebna a Laquis; estableció su campamento frente a ella y la atacó. Y Yahvé entregó Laquis en manos de Israel, que la tomó al segundo día y la pasó a cuchillo, junto con todos los seres vivos que había en ella, tal como había hecho con Lebna. — Entonces Horam, rey de Gaser, subió en ayuda de Laquis; Josué lo derrotó a él y a su pueblo, sin dejar escapar a nadie. Josué, y todo Israel con él, pasó de Laquis a Eglón; acamparon frente a ella y la atacaron. La tomaron aquel mismo día y la pasaron a filo de la espada; a todos los seres vivos que había en ella, Josué los consagró al anatema aquel día, tal y como había hecho con Laquis.

Josué, y todo Israel con él, subieron de Eglón a Hebrón, y la atacaron. Tras tomarla, la pasaron a cuchillo, a ella, a su rey, a todas las ciudades de su dominio y a todos los seres vivos que había en ella, sin dejar escapar a nadie, tal y como Josué había hecho con Eglón; y la consagró al anatema, junto con todos los seres vivos que había en ella. Josué, y todo Israel con él, se dirigió a Dabir y la atacó. La conquistó, junto con su rey y todas las ciudades de su dominio; y los mataron a filo de espada, y dedicaron al anatema a todos los seres vivos que había en ella, sin dejar escapar a nadie. Josué hizo con Dabir y su rey lo mismo que había hecho con Hebrón, y lo mismo que había hecho con Lebna y su rey. Josué derrotó a todo el país: la Montaña, el Neguev, la llanura y las colinas, con todos sus reyes, sin dejar escapar a nadie, y consagró al anatema a todo ser viviente, tal y como había ordenado Yahvé, el Dios de Israel. Josué los derrotó desde Cades-Barnea hasta Gaza, y en todo el país de Gosén hasta Gabaón.

Josué 15, 41: Giderot , Bet-Dagón, Naama y Maceda: dieciséis ciudades y sus aldeas.

Volveos de nuevo. ¿Veis esa montaña solitaria en medio de la llanura que antaño perteneció a los filisteos? Allí se encuentra Gat, patria de Goliat y lugar de refugio de David junto a Aquis para huir de la furia desenfrenada de Saúl. Get , Gath, Tel es-Safieh. Mencionada en varias ocasiones en la Biblia (entre ellas, en 1 Samuel 17,4). El yacimiento fue identificado en 1887, pero no fue hasta 2001 cuando las excavaciones confirmaron las hipótesis anteriores. La descripción de María Valtorta resulta aún más notable (Jean-François Lavère,Diccionario geográfico del Evangelio según María Valtorta).         

Allí se encuentra Gat, patria de Goliat y lugar de refugio de David junto a Aquis para huir de la furia desenfrenada de Saúl. Véase 1 Samuel 27,1-4: David se dijo a sí mismo: «Algún día pereceré a manos de Saúl; no hay nada mejor para mí que refugiarme rápidamente en la tierra de los filisteos, para que Saúl deje de buscarme por todo el territorio de Israel; así escaparé de su mano. » Y se levantó David, junto con los seiscientos hombres que estaban con él, y se dirigieron a la casa de Aquis, hijo de Maoc, rey de Gat. David se quedó con Aquis, en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia, y David con sus dos mujeres: Achinoam, de Jezreel, y Abigail, de Carmelo, la mujer de Nabal. Le comunicaron a Saúl que David había huido a Gat, y no volvió a perseguirlo.    

Ese horizonte abierto son las llanuras de la tierra muy fértil de los filisteos. Iremos por allí hasta Ramlé. Ramlé , Ramla, Ramleh. Los historiadores presentan a Ramlé como la única ciudad de Palestina fundada por los árabes, construida hacia los años 705-715 por el califa Suleiman ibn Abed al-Malik. El hecho de que el nombre sea «mencionado por Jesús» parece indicar una existencia muy anterior al sigloVIII(Jean-François Lavère,Diccionario geográfico del Evangelio según María Valtorta).          

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Libro de Josué 10, 1-51 (Gerimot | Magdala)

Jos 10,1-51: Adonisec, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué se había apoderado de Hai y la había consagrado al anatema, de que había tratado a Hai y a su rey como había tratado a Jericó y a su rey, y de que los habitantes de Gabaón, tras haber hecho las paces con Israel, se encontraban entre ellos. Entonces le invadió un gran temor, pues Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, incluso más grande que Hai, y todos sus hombres eran valientes. Adonisec, rey de Jerusalén, envió a decir a Oham, rey de Hebrón; a Faram, rey de Jerimot; a Jafia, rey de Laquis; y a Dabir, rey de Eglón: «Subid a mi encuentro y venid en mi ayuda, para que ataquemos Gabaón, pues ha hecho las paces con Josué y con los hijos de Israel». » Así pues, los cinco reyes de los amorreos —el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis y el rey de Eglón— se reunieron y subieron con todos sus ejércitos; acamparon cerca de Gabaón y la sitiaron. Los habitantes de Gabaón enviaron a decir a Josué, al campamento de Galgala: «No retires tu mano de tus siervos; apresúrate a subir a nuestro encuentro, líbranos, ven en nuestra ayuda; pues todos los reyes de los amorreos que habitan en la montaña se han aliado contra nosotros». » Josué partió de Galgala, él y todos los hombres de guerra que le acompañaban, y todos los valientes guerreros. Yahvé dijo a Josué: «No les temas, pues los he entregado en tus manos, y ninguno de ellos te resistirá». Josué se abalanzó sobre ellos de improviso; había subido desde Galgala durante toda la noche. Y Yahvé sembró el pánico entre ellos ante Israel; Israel les infligió una gran derrota cerca de Gabaón, los persiguió por el camino que sube a Bet-horón y los derrotó hasta Azeca y Maceda. Mientras huían ante Israel, en la bajada de Bet-horón, Yahvé hizo caer del cielo sobre ellos grandes piedras hasta Azeca, y murieron; los que murieron por las piedras de granizo fueron más numerosos que los que fueron muertos por la espada de los hijos de Israel. Entonces Josué habló a Yahvé, el día en que Yahvé entregó a los amorreos en manos de los hijos de Israel, y dijo ante los ojos de Israel: «¡Sol, detente sobre Gabaón, y tú, luna, sobre el valle de Ajalón!». Y el sol se detuvo, y la luna se quedó inmóvil, hasta que la nación se vengó de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro del Justo? Y el sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse, casi un día entero. No hubo, ni antes ni después, un día como aquel, en el que Yahvé obedeció la voz de un hombre; pues Yahvé combatía por Israel.

Josué, y todo Israel con él, pasó de Lebna a Laquis; estableció su campamento frente a ella y la atacó. Y Yahvé entregó Laquis en manos de Israel, que la tomó al segundo día y la pasó a cuchillo, junto con todos los seres vivos que había en ella, tal como había hecho con Lebna. — Entonces Horam, rey de Gaser, subió en ayuda de Laquis; Josué lo derrotó a él y a su pueblo, sin dejar escapar a nadie. Josué, y todo Israel con él, pasó de Laquis a Eglón; acamparon frente a ella y la atacaron. La tomaron aquel mismo día y la pasaron a filo de la espada; a todos los seres vivos que había en ella, Josué los consagró al anatema aquel día, tal y como había hecho con Laquis.

Josué, y todo Israel con él, subieron de Eglón a Hebrón, y la atacaron. Tras tomarla, la pasaron a cuchillo, a ella, a su rey, a todas las ciudades de su dominio y a todos los seres vivos que había en ella, sin dejar escapar a nadie, tal y como Josué había hecho con Eglón; y la consagró al anatema, junto con todos los seres vivos que había en ella. Josué, y todo Israel con él, se dirigió a Dabir y la atacó. La conquistó, junto con su rey y todas las ciudades de su dominio; y los pasaron a filo de espada, y dedicaron al anatema a todos los seres vivos que había en ella, sin dejar escapar a nadie. Josué hizo con Dabir y su rey lo mismo que había hecho con Hebrón, y lo mismo que había hecho con Lebna y su rey. Josué conquistó todo el país: la Montaña, el Négueb, la llanura y las colinas, con todos sus reyes, sin dejar escapar a nadie, y consagró al anatema a todo ser viviente, tal y como había ordenado Yahvé, el Dios de Israel. Josué los derrotó desde Cades-Barnea hasta Gaza, y en toda la tierra de Gosén hasta Gabaón.

Libro de Josué 15, 41 (Maceda)

Jos 15, 41: Giderot, Bet-Dagón, Naama y Maceda: dieciséis ciudades y sus aldeas.

Libro de Josué 15, 56 (Zanuah)

Jos 15,56: « Jezreel, Jucadam, Zanoé»

Primer Libro de Samuel 6, 1-15 (Bet-Semes — El Arca devuelta por los filisteos)

1 S 6,1-15: El arca de Yahvé permaneció siete meses en tierra de los filisteos. Entonces los filisteos convocaron a los sacerdotes y a los adivinos y les dijeron: «¿Qué haremos con el arca de Yahvé? Decidnos cómo debemos devolverla a su lugar». » Ellos respondieron: «Si devolvéis el arca del Dios de Israel, no la devolváis vacía, sino que no dejéis de ofrecerle una ofrenda de expiación; entonces os sanaréis y sabréis por qué su mano no se ha apartado de vosotros». Los filisteos preguntaron: «¿Qué ofrenda de expiación le haremos?». Respondieron: «Cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, según el número de los príncipes de los filisteos, pues la misma plaga ha caído sobre vosotros y sobre vuestros príncipes. Haced, pues, figuras de vuestros tumores y figuras de los ratones que asolan el país, y dad así gloria al Dios de Israel: tal vez deje de hacer pesar su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestro país. ¿Por qué endureceríais vuestro corazón, como lo endurecieron Egipto y el faraón? ¿Acaso no dejó partir a los hijos de Israel cuando les infligió sus castigos? Ahora, pues, preparad un carro nuevo y tomad dos vacas que estén amamantando y que no hayan llevado yugo; enganchad las vacas al carro y llevad a sus crías lejos de ellas, al establo. Tomaréis el arca de Yahvé y la pondréis sobre el carro; luego, tras colocar junto a ella, en un cofre, los objetos de oro que hayáis entregado como ofrenda de expiación, la dejaréis marchar y ella se irá. Seguidla con la mirada: si sube por el camino de su frontera, hacia Bet-Samés, es Yahvé quien nos ha causado este gran mal; de lo contrario, sabremos que no ha sido su mano la que nos ha golpeado, y que esto nos ha sucedido por casualidad».

Aquella gente hizo así; tomaron dos vacas que estaban amamantando, las engancharon al carro y encerraron a sus crías en el establo. Pusieron en el carro el arca de Yahvé y el cofre con los ratones de oro y las figuras de sus tumores. Las vacas se dirigieron directamente hacia Bet-Samés; siguieron siempre el mismo camino, caminando y mugiendo, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Los príncipes de los filisteos las siguieron hasta la frontera de Bet-Samés. La gente de Bet-Samés estaba segando el trigo en el valle. Al levantar la vista, vieron el arca y se alegraron al verla. El carro llegó al campo de Josué, el betsamita, y se detuvo allí. Había allí una gran piedra. Partieron la madera del carro y ofrecieron las vacas en holocausto a Yahvé. Los levitas, tras bajar el arca de Yahvé y el cofre que estaba junto a ella, en el que se guardaban los objetos de oro, lo colocaron todo sobre la gran piedra. Los habitantes de Bet-Samés ofrecieron aquel día holocaustos y sacrificios a Yahvé.

Primer libro de Samuel 17, 1-54 (Gat | Soco | Azeca | Valle de Tebérinte | David y Goliat)

1 S 17,1: Los filisteos, tras reunir sus ejércitos para la guerra, se congregaron en Soco, que pertenece a Judá; acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-Dommim.

1 S 17,2-54: Saúl y los hombres de Israel también se reunieron y acamparon en el valle de Terebinto; se dispusieron en orden de batalla frente a los filisteos. Los filisteos estaban apostados en la montaña de un lado, e Israel, en la montaña del otro lado; el valle se extendía entre ellos. Entonces salió de los campamentos de los filisteos un guerrero; se llamaba Goliat, era de Gat, y medía seis codos y una palma. Llevaba un yelmo de bronce en la cabeza y una coraza de escamas; y el peso de la coraza era de cinco mil siclos de bronce. Llevaba en los pies calzado de bronce y una jabalina de bronce entre los hombros. El astil de su lanza era como el rodillo de un tejedor, y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro; el que le llevaba el escudo caminaba delante de él. Goliat se detuvo y, dirigiéndose a los batallones de Israel, les gritó: «¿Por qué habéis salido a formar en orden de batalla? ¿Acaso no soy yo el filisteo, y vosotros los esclavos de Saúl? Escoged a un hombre que baje a enfrentarse a mí. Si él me vence en combate y me mata, nos someteremos a vosotros; pero si yo le vence y le mato, vosotros os someteréis a nosotros y nos serviréis».

El filisteo añadió: «Hoy lanzo este desafío al ejército de Israel: Dadme un hombre y lucharemos entre nosotros. » Al oír estas palabras del filisteo, Saúl y todo Israel se asustaron y les invadió un gran temor. Ahora bien, David era hijo de aquel efrateo de Belén de Judá llamado Isaí, que tenía ocho hijos; este hombre, en tiempos de Saúl, era ya anciano, de edad avanzada. Los tres hijos mayores de Isaí se habían ido con Saúl a la guerra; y los nombres de esos tres hijos que se habían ido a la guerra eran Eliab, el mayor; Abinadab, el segundo; y Samma, el tercero. David era el más joven. Los tres mayores seguían a Saúl, y David iba y venía de junto a Saúl para pastorear las ovejas de su padre en Belén. El filisteo se acercaba por la mañana y por la tarde, y se presentó durante cuarenta días. Isaí le dijo a David, su hijo: «Toma para tus hermanos este efa de grano tostado y estos diez panes, y corre al campamento hacia tus hermanos. Y estos diez quesos, llévaselos al jefe de su mil. Visita a tus hermanos para ver si están bien, y llévales un regalo. Saúl, ellos y todos los hombres de Israel están en el valle de Teribinto, luchando contra los filisteos».

David se levantó de madrugada y, tras dejar las ovejas a un pastor, tomó las provisiones y partió, tal y como le había ordenado Isaí. Cuando llegó al campamento, el ejército salía del campamento para formarse en orden de batalla y se oían gritos de guerra. Los israelitas y los filisteos se alinearon, tropa contra tropa. David dejó sus pertenencias en manos del encargado del equipaje y corrió hacia la tropa. Nada más llegar, preguntó a sus hermanos cómo se encontraban. Mientras hablaba con ellos, he aquí que el campeón —se llamaba Goliat, el filisteo de Gat— salió de las filas de los filisteos, profiriendo las mismas palabras, y David lo oyó. Al ver a aquel hombre, todos los israelitas se apartaron ante él, presa de un gran temor. Un israelita dijo: «¿Veis a ese hombre que se acerca? Se acerca para desafiar a Israel. A quien lo mate, el rey lo colmará de grandes riquezas, le dará a su hija y liberará de toda carga a la casa de su padre en Israel». » David dijo a los hombres que estaban junto a él: «¿Qué se le hará al que mate a este filisteo y quite la afrenta de sobre Israel? ¿Quién es, pues, este filisteo, este incircunciso, para insultar a las tropas del Dios vivo? » El pueblo le repitió las mismas palabras, diciendo: «Esto es lo que se le hará al que lo mate». Eliab, su hermano mayor, le oyó hablar a los hombres, y se encendió la ira de Eliab contra David, y dijo: «¿Por qué has bajado, y a quién le has dejado ese pequeño rebaño en el desierto? Conozco tu orgullo y la malicia de tu corazón; has bajado para ver la batalla».

David respondió: «¿Qué he hecho ahora? ¿No es más que una simple palabra? » Y, apartándose de él para dirigirse a otro, repitió las mismas palabras; y el pueblo le respondió como la primera vez. Cuando se oyeron las palabras pronunciadas por David, se las comunicaron a Saúl, quien mandó que lo trajeran. David dijo a Saúl: «Que nadie se desanime. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo». Saúl dijo a David: «No puedes ir contra ese filisteo para luchar con él, pues tú eres un muchacho, y él es un guerrero desde su juventud». » David dijo a Saúl: «Cuando tu siervo apacentaba las ovejas de su padre, y venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño, yo lo perseguía, lo golpeaba y arrancaba la oveja de sus fauces; si se me enfrentaba, lo agarraba por las mandíbulas, lo golpeaba y lo mataba. Tu siervo ha matado al león como al oso, y lo mismo le sucederá al filisteo, a ese incircunciso, como a cualquiera de ellos, pues ha insultado a las tropas del Dios vivo. » David añadió: «Yahvé, que me ha librado del león y del oso, también me librará de la mano de este filisteo». Y Saúl dijo a David: «Ve, y que Yahvé esté contigo».

Saúl hizo que vistieran a David con sus ropas, le puso un casco de bronce en la cabeza y le hizo llevar una coraza; luego David se ciñó la espada de Saúl por encima de su armadura, e intentó caminar, pues nunca antes había probado una armadura. David dijo a Saúl: «No puedo caminar con estas armas, no estoy acostumbrado a ellas». Y, tras deshacerse de ellas, David tomó su bastón, escogió del arroyo cinco guijarros pulidos y los guardó en su bolsa de pastor, en su aljaba. Luego, con la honda en la mano, se adelantó hacia el filisteo. El filisteo se acercó poco a poco a David, precedido por el hombre que llevaba el escudo. El filisteo miró, vio a David y lo despreció, pues era muy joven, rubio y de rostro hermoso. El filisteo le dijo a David: «¿Acaso soy un perro, para que vengas a mí con un palo?». Y el filisteo maldijo a David en nombre de sus dioses. Y el filisteo le dijo a David: «Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo». » David respondió al filisteo: «Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina; y yo vengo a ti en nombre de Yahvé de los ejércitos, el Dios de las huestes de Israel, a quien tú has insultado. Hoy Yahvé te entregará en mis manos; te heriré y te cortaré la cabeza; hoy entregaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que Israel tiene un Dios; y toda esta multitud sabrá que no es ni con la espada ni con la lanza como Yahvé salva, pues a Yahvé le pertenece la guerra, y él os ha entregado en nuestras manos».

El filisteo, levantándose, se puso en marcha y avanzó al encuentro de David, y David se apresuró a correr hacia la vanguardia del ejército, para salir al encuentro del filisteo. David metió la mano en su aljaba, sacó una piedra y la lanzó con su honda; alcanzó al filisteo en la frente, y la piedra se le clavó en ella, y cayó boca abajo sobre la tierra. Así, David, con una honda y una piedra, fue más fuerte que el filisteo, y lo mató. Y no había espada en la mano de David. David corrió, se detuvo junto al filisteo y, tras empuñar su espada y sacarla de la vaina, lo mató y le cortó la cabeza con ella. Al ver muerto a su héroe, los filisteos huyeron. Y los hombres de Israel y de Judá se levantaron, gritando, y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Acarón. Los cadáveres de los filisteos cubrían el camino de Saraim hasta Gath y hasta Ascarón. Al regresar de la persecución de los filisteos, los hijos de Israel saquearon su campamento. David tomó la cabeza del filisteo y la hizo llevar a Jerusalén, y puso en su tienda las armas del filisteo.

Primer libro de Samuel 27, 1-4 (Gat, Geth | David, Aquis, Saúl)

1 S 27,1-4: David se dijo a sí mismo: «Algún día pereceré a manos de Saúl; no hay nada mejor para mí que refugiarme rápidamente en la tierra de los filisteos, para que Saúl deje de buscarme por todo el territorio de Israel; así escaparé de su mano. » Y se levantó David, junto con los seiscientos hombres que estaban con él, y se dirigieron a casa de Aquis, hijo de Maoc, rey de Get. David se quedó con Aquis, en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia, y David con sus dos mujeres: Ainoam, de Jezreel, y Abigail, de Carmelo, la mujer de Nabal. Le comunicaron a Saúl que David había huido a Gat, y no volvió a perseguirlo.

Libro de los Jueces 13, 2 (Corea)

Jue 13,2: Había un hombre de Saraa, de la tribu de Dan, llamado Manué; su mujer era estéril y no había tenido hijos.

Libro de los Jueces 14, 1-20 (Sansón - Timna)

Jue 14,1-20: Sansón bajó a Timna y allí vio a una mujer de entre las hijas de los filisteos. Cuando regresó, se lo contó a su padre y a su madre, diciendo: «He visto en Timna a una mujer de entre las hijas de los filisteos; tomadla ahora para que sea mi esposa». Su padre y su madre le dijeron: «¿Acaso no hay mujer entre las hijas de tus hermanos y en todo nuestro pueblo, para que vayas a tomar una mujer de entre los filisteos, que son incircuncisos?». Y Sansón dijo a su padre: «Tómala para mí, porque me agrada». » Su padre y su madre no sabían que aquello venía de Yahvé; pues él buscaba un motivo de disputa con los filisteos. — En aquellos tiempos, los filisteos dominaban a Israel. Sansón bajó con su padre y su madre a Tamna. Cuando llegaron a los viñedos de Tamna, he aquí que un león joven que rugía salió a su encuentro. El Espíritu de Yahvé se apoderó de Sansón; y, sin tener nada en la mano, Sansón desgarró al león como se desgarra a un cabrito. Y no contó a su padre ni a su madre lo que había hecho.

Bajó y habló con la mujer, y ella le gustó. Poco después, al volver a Tamna para llevársela, se desvió para ver el cadáver del león, y he aquí que había un enjambre de abejas y miel en el cuerpo del león. Tomó un poco con las manos y la comió mientras caminaba; y cuando llegó junto a su padre y a su madre, les dio un poco y ellos la comieron; pero no les dijo que había sacado la miel del cuerpo del león. El padre de Sansón bajó a casa de la mujer; y allí Sansón ofreció un banquete, pues era costumbre entre los jóvenes. En cuanto lo vieron, invitaron a treinta compañeros para que estuvieran con él.

Sansón les dijo: «Os voy a proponer un acertijo. Si me lo explicáis durante los siete días del banquete y lo adivináis, os daré treinta túnicas y treinta prendas de recambio; pero si no podéis explicármelo, seréis vosotros quienes me daréis treinta túnicas y treinta prendas de recambio. » Le dijeron: «Plantea tu acertijo, para que lo oigamos». Él les dijo: «De quien come ha salido lo que se come; del fuerte ha salido lo dulce». Durante tres días no pudieron resolver el acertijo. Al séptimo día, le dijeron a la mujer de Sansón: «Convence a tu marido para que nos explique el acertijo; si no, te quemaremos a ti y a la casa de tu padre. ¿Acaso nos habéis invitado para despojarnos, sin duda? » La mujer de Sansón lloraba junto a él y le decía: «Solo sientes odio por mí, y no me quieres. ¡Has planteado un acertijo a los hijos de mi pueblo y no me lo has explicado a mí!». Él le respondió: «¡Ni a mi padre ni a mi madre se lo he explicado, y te lo iba a explicar a ti!». Ella lloró así ante él durante los siete días que duró el banquete; el séptimo día, como ella lo atormentaba, él le explicó el acertijo, y ella se lo explicó a los hijos de su pueblo. La gente de la ciudad le dijo a Sansón, el séptimo día, antes de la puesta del sol: «¿Qué hay más dulce que la miel, y qué hay más fuerte que el león?». Y él les dijo: «Si no hubierais arado con mi novilla, no habríais adivinado mi acertijo». El Espíritu de Yahvé se apoderó de él, y bajó a Ascalón. Allí mató a treinta hombres y, tras tomar sus despojos, entregó la ropa de recambio a quienes habían resuelto el acertijo. Luego, encendido en ira, subió a la casa de su padre. La mujer de Sansón fue entregada a uno de sus compañeros, a quien él había elegido como amigo.